domingo, 4 de diciembre de 2011

365...


El tiempo a veces bromea con nosotros y juega a las escondidas. Esperas con ansias un momento específico y de pronto, ya pasó. Así ha pasado un año, como nubes en el cielo y aún después de todo este tiempo no logro dar cuenta de cuan inmensamente enorme es lo que siento por ti.

Se ha pasado un año volando, y muchas cosas han cambiado. Para mejor, para peor... no lo sé, solo han cambiado y me alegro de que así sea, me alegro y me alegraré todo el tiempo en que tú y yo no seamos siempre los mismos.

Porque no quiero que me quieras de la misma manera en la que me querías hace un año. Quiero que me quieras aún más. No quiero que me mires como me mirabas hace meses. Quiero que me mires viendo a la persona que te ama cada día más. No quiero dormir de la misma manera en la que solíamos dormir en diciembre del año pasado. Quiero dormir contigo cada vez más apretados. No quiero que me beses de la misma exquisita manera en la que me besabas aquellos días. Quiero que me beses deteniendo el tiempo que pasa. No quiero que tomes mi mano en la calle cuando caminamos, quiero que tomes mi persona completa y que jamás me dejes ir. Porque no quiero amarte como los amantes suelen hacerlo. Quiero amarte en demasía, con locura, pasión y frenesí. Quiero que olvides de vez en cuando que se siente estar conmigo día a día y sientas que mañana es todo nuevo, que me des la regalía de que sientas que puedo ser la mujer de tu vida.

Me encanta cuando soñamos con nuestra vida. Cuando me dices que está prohibido dejarte, y que he firmado un contrato después del año. Me encanta cuando proyectamos una familia humano-perruna y todo pareciera ser perfecto. Me encanta cuando me regaloneas y me dices cosas lindas así de pronto, como palabras que brotaran de la nada. Me encanta sentir que cada centímetro de tu cuerpo es mío. Me encanta sentir que tengo el control de tu deseo.

No volveré a decir que nunca me imaginé que sería así. Porque cuando la primera vez que me miraste con otros ojos. Cuando la primera vez que pasaste por mi lado con un poco de vergüenza y timidez, cuando la primera vez que me abrazaste intentando crear una mezcla homogénea de ambos supe que estar juntos sería de esta manera. Supe que nunca iba a querer dejar de darte mi amor y mis caricias.

No volveré a decir que nunca pensé que sería así, porque debo confesar que lo soñaba despierta. Que me imaginé mil veces junto a ti sobre un mundo al que solo correspondemos estando juntos. Y que siempre supe, que nuestro primer beso desataría las cuerdas invisibles que con fervor nos ataban por separado para rodearnos en un huracán de unísonos sentimientos.

Hay un acertijo al cual me he rendido descifrar. Y es que sabes lo mucho que te amo, y sé lo mucho que me amas. Lo que nunca sabremos es cuanto más nos amaremos mañana.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Aleatoriamente


Me gusta el viento fresco de las mañanas.
Me gusta mirar las ramas de lo árboles con gotas de lluvia cuando se anteponen a alguna luz urbana, y ver como se forma una especie de espiral brillante hacia la luz.
Me gusta mirar en las posas de agua al otro día de lluvia, como se refleja el cielo en ellas.
Me gusta tener gotitas de agua en las pestañas.
Me gusta como se ve el pelo bajo el agua.
Me gusta tener los ojos rojos.
Me gusta jugar a meter entre la uña de mi dedo índice el borde de la sábana.
Me gusta jugar a desenfocar las luces con los ojos.
Me gusta el crujido de las hojas secas.
Me gusta mirar el sol para encandilarme.
Me gusta mirar los bordes de la calle cuando la micro avanza.
Me gusta sacar una mano por la ventana y dejar que el viento la mueva cuando voy a gran velocidad en algún vehículo.
Me gusta oler el café antes de tomarlo
Me gusta mirar como sale y danza el humo del incienso cuando se quema.
Me gusta ver como la clara del huevo se vuelve inmediatamente blanca al contacto con el aceite caliente.
Me gusta el movimiento del tórax cuando las personas respiran en una micro, o el metro.
Me gusta ver como cae una hoja seca de un árbol
Me gusta el vuelo a ras de suelo de las golondrinas, y el veloz aleteo de los colibríes y las libélulas.
Me gusta mirar los ojos de las personas desconocidas.
Me gusta columpiarme y dar vueltas en la ruleta de una plaza con juegos para niños.
Me gusta que me besen la espalda.
Me gusta el sonido del tren pasando en la noche cerca de mi casa.
Me gusta cuando los perros mueven su cola.
Me gusta arrancar el pasto.
Me gusta la forma que tienen las calas.
Me gustan los globos con helio de personajes.
Me gusta el vibrar de los parlantes cuando suenan fuerte.
Me gusta cuando se ven las nubes en la noche.
Me gusta ver en el pavimento las marcas de patas de perro que pasaron cuando estaba fresco.
Me gusta la sensación de no querer terminar un libro para que no se acabe la historia.
Me gusta mirar a través del agua de una botella.
Me gusta reventar los globos del plástico que cuida los objetos delicados de golpes.
Me gusta que los puños de mis polerones tengan agujeros donde poder meter el dedo gordo.
Me gusta sentir la arena húmeda bajo mis pies.
Me gusta hacer burbujas.
Me gusta el diámetro y como se levanta un poco el hueso de mis muñecas.
Me gustan las pestañas largas.
Me gusta la vibración de una moto al arrancar sobre ella.

Me gusta lo aleatorio de mi lista de cosas que me gustan. Han de haber muchas cosas más, pero que en este momento no recuerdo.
Ydaigual.

sábado, 6 de agosto de 2011

Pesadillas...


Sueños, o pesadillas... lo que sea que sean. No quiero más. Me abruman, me lastiman, me tienen harta, no me dejan dormir. Como si de pronto mi mente, y con ella mi subconsciente se hubiesen puesto de acuerdo en molestarme desgraciadamente por gusto.

No me hace bien, quiero dormir profundamente, largo y tendido sin despertar en medio de la noche agitada, con el corazón en la mano y mis pulmones con ataques de epilepsia localizada.

Lo peor de todo es que mi imaginación se empecina en mostrarme imágenes de mis seres queridos en problemas, muriendo o discutiendo con ellos.

Quizá mi almohada esté maldita. Quizá la problemática de todo esto no esté dentro de mi.

Se me hace imposible encontrar la respuesta en un disparo que disipase en mil partes mi cabeza. Volar mi mente en pedazos para juntarles luego como si fuesen mercurio.

Quiero acabar con esto y disolver mi malestar subconsciente en agua salada, batirlo dentro de una botella hasta hacerlo espuma, soplar fuerte y elevarlo en muchas burbujas por el aire y ver como una a una desaparecen explotando mágicamente en la punta de mi dedo.

si nada resulta, definitivamente tejeré un capullo en donde refugiarme durante una temporada.

domingo, 24 de julio de 2011

Mis pequeños héroes.

Me es inevitable no recordar con este vídeo aquel día, en que un grupo de perros salvaron mi vida. Es por eso que quiero con tanto fervor a los perros callejeros, tienen una fidelidad especial e incondicional, una humildad increíble.

Eran más allá de las 12 de la noche o tal vez más allá de la 1 no recuerdo bien, una solitaria noche de un día de semana en estación central. Llegué al paradero donde tomo la 109. No había absolutamente nadie. Inclusive la gente del Mc.Donnals de la esquina se habían ido. No había nadie humanamente hablando a mi al rededor. Solo estaban ellos. Un pequeño grupo, de 5 perros dueños del paradero. 3 de ellos dormían bajo los asientos metálicos que el gobierno a puesto a disposición de nosotros los transeúntes que utilizamos la mierda de transantiago. La verdad es que son la incomodidad máxima, me alegra saber que al menos sirven de techo para otros.

El tema, es que estaba ahí y hacía mucho frío, uno de los perros se me acercó, era un cachorro aún. Le hice cariño y el otro que estaba cerca corrió hacia nosotros, exigiendo su cuota de cariño. Entonces recordé que en mi bolsito habían unas galletas. Las saqué y les repartí a todos los peludos amigos del paradero. Era enternecedor verlos mover sus colas de lado a lado y mirarme con una expresión de gratitud real.

En eso estábamos todos juntos, los perrunis y yo esperando a que llegara la desgraciada micro, cuando de pronto un hombre de muy mala "pinta" comenzó a acercarse. No era que llevaba una mala combinación de ropa ni mucho menos, era un ebrio de aquellos odiosos, los cuales dejan entre ver en su mirada sucia intenciones no muy buenas precisamente. Aquellos que simplemente dejan una estela de mal presentimiento en el aire. Venía balbuceando cosas,yo me quedé mirando el suelo, viéndolo a ratos de reojo. El tipo tenía firmes intenciones de ir a mi encuentro, pero cuando se encontraba relativamente cerca del paradero 5 caninos reaccionaron en mi defensa. Casi como una barrera se acercaron al tipo corriendo y ladrando. A paso que daba más fuerte ladraban. Uno que otro se acercaba intentando morderle el pantalón y finalmente el tipo entendió que mis 5 guardaespaldas caninos no dejarían que se acercara a mi. Intentó un rato pasar entre ellos, pero cada vez aumentaban más lo rabiosos. El tipo finalmente desistió y al darse media vuelta se marchó. Quien sabe a que mierda se dirigía, si tal vez quería solo pasar, u otra cosa. La verdad yo les tuve que agradecer con una sonrisa y la misma gratitud que unos minutos antes ellos me demostraron a mi. Los acaricié a todos, a cada uno. Me sentí feliz, y protegida. Fue entonces cuando un chofer, de otra micro que estaba fuera de recorrido me ofreció llevarme a otro paradero donde había una caseta de la paz ciudadana cerca, para así estar más segura. Me despedí de mis compañeros peludos y tomé la micro.
Lo demás es un poco deducible, el chofer me dejó en el otro paradero, esperé un buen rato más la maldita 109, llegué a mi casa sana y salva y hoy me encuentro escribiendo esto, luego de ver aquel vídeo que me recordó aquella agradable noche.

Ahora cada vez que paso por estación central a esperar la 109, miro a esos perros, a veces están allí mismo, otras no. Pero siempre que puedo les regalo unas caricias que la gente indiferente y egoísta no da.

domingo, 10 de julio de 2011

Una mezcla homogénea.




"Mírate...Miranos" dijiste bajo unas sábanas invisibles.
Escuché cada una de tus palabras con mucha atención. Las escuché como si estuviesen saliendo de mi boca, porque las tomaste de allí sin permiso alguno.

Que sensación tan exquisita y única poder sentir que alguien te ama, poder sentir que amas a alguien, y poder sentir que es algo completamente real, que carece de textura y que sobrepasa los límites de lo intangible.

Lo hermoso que es poder recordar casi con imágenes en sucesión algunos momentos que quedaron en mi cerebro tallados con profundidad.

Claro, MÍRATE, me dijiste... y me miré a mi misma analizando la situación de que hace un tiempo jamás pensé o imaginé verme en frente tuyo, recostada de lado en una cama a centímetros de tu cuerpo mirando tus ojos en medio de la oscuridad, sonriendo con una profunda y exquisita sensación que calaba fuerte mi alma y corazón.

Miro hacia atrás la película en la que estábamos inmersos como personajes secundarios, y aún así no deja de ser hermosa. La complicidad que como amigos siempre existió y se mantuvo latente. Tus ganas escondidas de que yo demostrara que nunca dejé de desearte. La porfía de ambos poniendo nuestras manos sobre unos ojos que sí veían claras las imágenes entre la niebla. Dos bocas que nunca dejaron de querer tocarse, pero dos mentes porfías que aseveraron haber reprimido el instinto al límite.

Fuimos un cordón de zapatos atados suavemente con un pequeño nudo que desataron fácilmente. Dos cordones que por separado se balancearon de arriba abajo sobre el piso de una fuerte amistad, un par de cordones que estaban destinados a volver a ser amarrados. Esta vez el nudo fue doble, y hasta ahora imposible de desatar por manos ajenas.

Una historia que del exterior no es agraciada. Que del exterior puede no entenderse nada. Una pequeña gran historia que verdaderamente no daña a nadie. Un par de medios limones que lo único que buscaban eran sus mitades.
Sin maldad, ni mala intención alguna. Solo dos manos que siempre se desearon. Solo unos ojos que siempre se miraron y brillaron. Solo un par de sonrisas que siempre se encontraron, y un par de labios que simplemente...encajaron.

Me miré hacia atrás un par de segundos y vi pasar horas, días y meses. Tal como la magia del cine puede hacerlo. Me miré hacia atrás y vi de pronto a la misma Kony que hoy duerme entre tus brazos.

Mírate ahora. Me miro y nada se compara a como lo imaginé alguna vez. Siempre pensé que podía ser algo lindo. Pensé que podía ser agradable. Nunca pensé que fuese simplemente tan maravilloso, y me encanta. Me fascina ver como una nube gris se posa sobre nosotros y deja caer una millonada de gotas que comprimen colores. Una lluvia de sensaciones de sentimientos que pintan un precioso cuadro con colores que no existen ni han sido descubiertos aún. Un precioso cuadro que solo podemos ver tu y yo, y que raya en la fatalidad de lo precioso y lo perfecto.

No hay palabras límite para lo que me haces sentir. Ya no creo en lo imposible cuando estoy a tu lado. No creo en la soledad cuando tu mano aprieta la mía. Se dispersan las moléculas de tristeza, no existen a tu lado, se van, corren de mi, se alejan y se derriten a la luz de tu amor.

Nos miro desde la altura en la que me haces sentir y veo dos grandes almas conectadas, nos miro acariciándonos mutuamente y sonrío inevitablemente. Nos miro ahí recostados sobre una cama y nos veo así mismo en un futuro desatandonos al viento y compás de nuestra respiración sintonizada. Nos miro ahora, y veo dos almas revoloteando en lo alto del cielo, dos cuerpos que giran y danzan creando una mezcla homogénea.

Eres mi felicidad, mi tranquilidad, mi cable a tierra y el viento que también me lleva lejos.

Eres un faro justo en medio del océano, un punto de luz en mi vida, que cada día es más fuerte y brillante, que cada día me permite ver con más claridad lo exquisito que se siente estar viva y que me permite gritar con fervor en la orilla de un muelle interminable que estoy enamorada y que siento por ti lo que nadie ha podido sentir jamás, y que nadie lo hará. Que me permite gritar con fervor, que eres con quien en este momento me veo pasando el resto de mis días.

Te amo en demasía, con locura y frenesí mi hermoso muchachín.

Tu pequeña.

lunes, 27 de junio de 2011

Siete pepitas.

Hoy tomé un limón y lo corté por la mitad. Al abrirlo cada mitad tenia dispersas 3 pepitas y una al medio partida al igual que el limón completo.

Cuando miré la pepita que estaba rota, vi que en ella habían unos números escritos, solo que estaban cortados, estropeados por el cuchillo. Saqué las 6 pepitas completas de al rededor y las dejé sobre una servilleta. Tomé la mitad de la pepita restante que estaba en la mitad derecha del limón y la junté con la que estaba en la izquierda. Cuidadosamente puse cada pequeño pedazo entre mis dedos, y los uní. Al unirlos se veía un número, un 28 de color verde limón y recordé que mi corazón al igual que una caja fuerte, tenía una cerradura con clave. Giré la manilla 2 veces a la derecha y 8 a la izquierda y de pronto una pequeña puerta se abrió. Tomé las 7 pepitas y las guardé todas ahí mismo, bien al centro de mi corazón.

Desde ese momento que crece ahí dentro un hermoso árbol de limones, que día a día me da frutos, cada vez que me das un beso, un bello, jugoso y amarillo limón crece dentro de mi.



Felices 7 meses corazón de limón. Te amo en demasía con locura y frenesí.

sábado, 25 de junio de 2011

Recuento...



A veces uno hace recuentos de ciertas temporadas de su vida. Este es mi recuento del semestre. Si bien aún no termina, queda poquísimo. Son casi 5 meses, y ... ¿Qué ha cambiado?
Han cambiado muchas cosas, un montón de situaciones se han encaramado una sobre otra en una montaña incontenible.
Ya no soy soltera, cumplí 2 décadas, la racha para con el ramo troncal giró en 360 grados a mi contrario, he conocido personas, se han mantenido los buenos amigos, han llegado al mundo criaturas que serán parte de mi cariño, la relación familiar se ha mantenido tranquila, agradable y estable, hospitalizaron por primera vez a mi cachorro, me he enterado de cosas importantes, he vivido momentos horribles de estrés, otros llenos de alegría, se han distanciado los lazos con ciertas amistades, mi abuela ha tenido recaídas de salud, he llorado mucho más de lo que normalmente necesito hacerlo para descargar las emociones contenidas, he tenido discusiones, mi cabello ha crecido mucho, me he caído, casi no me he enfermado, he dibujado solo en las esquinas de mis cuadernos, he extrañado gente, he comido más de lo normal, me he desilusionado de personas, he bebido jugo, leche, alcohol, bebidas...entre otros. He fumado marihuana, he sufrido con el sol en la cara, y con el frío en las mañanas, he discutido con gente desconocida, he viajado por santiago sin pagar el pasaje, he trabajado un par de días, he gastado dinero, he estado menos en mi casa, he dormido con mi novio, he sido testigo de infidelidades, he visto poquísima tele, he escrito menos de lo que solía hacerlo, he pisado muchas hojas secas en el suelo, no me he mojado con la lluvia, he comido chocolate, he ido a asados, celebrado cumpleaños, he escuchado mucha electrónica, me he quedado dormida varias veces con mi cachorro al lado, entre otras muchísimas cosas más.

No se la verdad, si puedo catalogarlo como un buen, o mal semestre. Simplemente, deseo que termine luego, detesto varias cosas de él, sin embargo tengo a ratos buenos sabores que han quedado en mis papilas gustativas espirituales.

Por ahora, solo espero aquellas suculentas semanas de vacaciones y escapar de esta ciudad agria. Huiré de todo esto, a respirar de un aire más puro.

domingo, 12 de junio de 2011

Conversación con la mitad de un limón.

Tal vez, esta sea una de las entradas más cursis que tenga...
Tal vez, alguien al leer se ría...
Pero, también...tal vez... soy afortunada de poder hacer esto...

Es que en una conversación con la mitad de un limón que tuve hace unos minutos, fue donde realmente sentí que las palabras podían exprimirme, y donde también decidí que son ese tipo de conversaciones que uno nunca quiere olvidar. Si, se mantienen por si solas en la memoria, pero es frágil. Y de vez en cuando, cuando los buenos momentos vuelven al presente, y puedes verlo en una foto, o en una grabación, o como es el caso, en la entrada de un blog, las sonrisas surgen por montones, y es lindo, no necesita de más adjetivos, simplemente...es algo lindo.







Ella:
*que piensas de que esté tan enamorada de ti?

Él:
*Pienso que si no fuera algo mutuo, sería algo horrendo...pero es TAN la raja que sea por ambos lados... Sinceramente me encanta todo esto...eres tú la que me hace menear la colita....

Ella:
*yo te enamoro asi tanto tanto también?

Él:
*Me haces menear la cola...solo tú... Acaso no basta con decir eso?

Corazón, haces que mis días comienzen la raja, se mantengan la raja, y terminen aún mejor.

Vuelas mi cabeza y mente con frases, con gestos, con acciones. Amor puro y concentrado en dosis que para cualquiera serían sobredosis.
Te preocupas de mi y me haces sentir amado y protegido. Me haces soñar e imaginar un mundo de cosas hermosas, casi utópicas, pero que contigo no lo son. Son reales.

Cualquier persona daría lo que fuera por estar en mis almohadillas perrunas, pero no, tú decidiste entregarme todo esto y mucho más solo a mi.... Eso es algo que me enloquece y me hace babear como un cachorro con un hotdog en la cabeza.

*Te amo como solo un limón puede amar a su mitad

*Por que nuestra relación tiene pepitas que germinan y crecen. Se hacen más cítricas y exquisitas.

Ella:
*(L)

Él:
*(L)

Ella:
*Que palabras más dulces y mejor dichas corazón...

Él:
*Te amo con deseo, pasión, locura, frenesí y ternura.



Yo te amo de igual forma maldito muchachín gigante citrico y perruno, con locura, pasión, frenesí y ternura.

lunes, 6 de junio de 2011

Siempre tan íntimos.

Pensaba de momento, lo íntimos que podemos ser aun en los días más simples.

En lo íntimo que me parece estar contigo disfrutando un pequeño momento tan ínfimo como lo es desayunar un día de semana, tan microscópico, tan insípido. Y tan grande e íntimo a la vez.

Y bueno, ayer fue lunes.
Me quedé dormida, me junté con mi novio, ambos íbamos atrasados. Yo moría de sueño, él mañosiaba por todo.
Lo único que faltaba era que por alguna razón motivo o circunstancia no hubiesen clases.
Claro, dicho y hecho. Nos bajamos de la micro, allá en San carlos, y fue donde y cuando nos dijeron, no hay clases.
Que gracioso destino estupefacto.
Mi novio colapsó de maña. Yo seguía con mucho sueño.
Nos fuimos a mi casa. En la micro un par de chiquillas tontas se reían, y se golpeaban con todo.
El negocio donde estaba mi invitación a la alegría para mi novio Antonio, estaba cerrado. Su maña aumentaba.
Sin embargo no nos soltábamos de la mano. Ok, cambio de planes. tomaremos un rico y contundente desayuno.
Compramos galletas, pan tostado con margarina, un café bien espumoso y para cerrarlo, una cama donde regaloneaban dos humanos y un cachorro enorme.

Luego almorzamos, y postergábamos más y más el trabajo. Pero no importaba en realidad, estábamos juntos ahí para olvidarlo todo.

Trabajamos, y luego, claro..nuevamente regaloneamos.

Te fuiste de mi casa, ya sin maña... logré mi cometido, volví a verte como me encanta. Sonriendo. Y ahora ibas camino al cumpleaños de una amiga ya más tranquilo.
Yo acompañaba al mio a buscar pega,y la encontré. Reservados para mi el bendito sábado y el domingo.

Llegué a mi casa, y seguí con el trabajo. Traduje toda la tarde e increíblemente aún no termino.

No importa hay algo en estos días, que me tiene como loca. Un poco rara, excéntrica. Feliz. Tranquila.



Hoy haciendo recuento de ayer, pienso en que podría haber sido un lunes cualquiera, fome, sin ritmo. Pero ayer fue un lunes de maña, un lunes de sueño,de mala suerte y de regaloneo.

Hoy a las 1.33 AM. Vuelvo a tener sueño. Y me voy a dormir. No sin antes haberte dicho, que te amo como nunca he amado a nadie.

viernes, 27 de mayo de 2011

6 meses corazón de limón.


El tiempo ha pasado insaciable. Infalible, inquebrantable. Y con el he aprendido soberanamente un montón de cosas nuevas para mi vida. He aprendido a sentir nuevamente sin mesura. A quererte sin querer dejar de hacerlo. A compartir tanto mis alegrías como mis penas contigo. A obsesionarme con tu aroma sutilmente. A mirarte a los ojos y escuchar tus palabras mudas. A tomarte de la mano y sentir que el mundo gira mas lento entre ellas. A besarte de una manera viciosa. A abrazarte y recordar siempre nuestra frase célebre de que los cuerpos molestan. He aprendido a espantar los buitres que se disfrazan de miedo, entre nosotros no tendrán nunca carroña que comer. y sobre todo en estos ya 6 meses de cuasi convivencia, he aprendido a amarte infinitamente.

No dejo que sean palabras menores las recién escritas en el párrafo anterior, es que te amo infinitamente, así tal cual denota el significado del infinito. Te amo sin ninguna frontera, sin ningún límite a la vista. Te amo sin un fondo que pisar, sin un cielo al cual llegar. Te amo en un blanco interminable connotativo del infinito. Y es que como bien te lo he dicho, y como bien me lo has dicho a mí. Como bien nos hemos recordado siempre el uno al otro, eres mi alianza en este mundo inverosímil, mi alianza en este planeta amorfo donde no encajamos. Eres mi alianza en la amistad, en el cotidiano, en lo especial, en los enojos, en las tristezas, en las alegrías, eres mi alianza en el amor, en la vida.

Pienso en las vulgaridades de la vida, en la problemática de un estrés cotidiano, y en lo precioso que es poder sentir tu calor en un frío día de invierno, y de pronto todo aquello que presiona mi cerebro desaparece.
Me siento única dentro de incontables sobrevivientes humanos, única y afortunada de poder compartir todo este amor preciado con alguien.
Recuerda, para mi siempre fuiste un ser adorable, y evoco nuevamente al significado que las personas han creado para ciertas palabras. Adorable porque generas en mi las ganas más ansiosas de poder quererte y emborracharte de un etílico amor incontenible.

No se si sentir que es mucho el tiempo juntos. Más que mal 6 meses es la mitad de un año acorde a como el humano ha distribuido su tiempo. Siento en paralelo corriendo en la misma dirección que 6 meses es la milésima parte, en dimensiones de una hormiga frente al mar, de lo que me queda por vivir contigo. Y a quién le hago caso?
No se si discernir entre sentires sea lo correcto, así que opto por desmenuzar el tiempo en un TE AMO sencillo. En un te amo tan complicado como lo es satisfacer a una comisión de profesores frente a una historia de amor. Un te amo tan surrealista que se derrite ante un tic tac inexistente. Un te amo tan exacto como lo son las odiosas matemáticas, un te amo tan ilógico como decir que 1+1 son 1. Así mismo como tiene lógica y razón de ser, que tu y yo en sumatoria seamos solo 1. Solo un limón recargado de un cítrico sabor que aliña nuestras vidas.

Te amo mi preciado compañero. (Aludiendo ya abundantemente al significado de esta última palabra.)

Te amo con la vida. Aunque sin querer casarme, es que blasfemaría si pronunciase la palabra acepto, y hasta que la muerte nos separe. Olvídalo, no podría ser capaz estando muerta de dejarte. Vendría como un fantasma de igual forma, solo a violarte!

Gracias por estos 6 meses tan engreidamente maravillosos. Y como primer favor del comienzo de la mitad de un año, recuerda siempre sonreír, que es lo que me enamora día a día de ti.

Te amo en demasía Antonio Andrés Sáez Alcayde, con más locura y frenesí.

domingo, 1 de mayo de 2011

Una tarde de domingo...


Pensaba en una tarde de domingo, a eso de las 15:48 lo ínfimo de mi existir. Lo diminuta y microscópica que soy realmente.
Pensaba una tarde de domingo, cuando el sol golpeaba suavemente mi piel como un retazo de seda cayendo sobre un mástil de mármol, lo frágil que es la vida. Como se pierde en un segundo, como de pronto en un proceso celuloide se crea en otro. Y caía en la cuenta de lo poco importante que puedo llegar a ser. Al igual que todos.
Pensaba una tarde de domingo, mientras un heladero se subía a la micro promocionando sus productos a viva voz, lo fácil de las cosas, lo fácil que es realmente socializar con el sujeto de al lado, y lo difícil que se torna llevarlo a cabo.

Pensaba un tanto ofuscada en lo horrendo que es una mirada de desprecio, una mirada fundida en hierro, firme y escudera. Una máscara de odio sin sentido, disfrazada de sutileza.

Pensaba en lo agradable que sería de vez en cuando recibir un abrazo sincero proveniente de un extraño, sin un por qué de por medio, ni palabras de intermedio. Lo fácil que puede llegar a darse, y lo difícil que sería obtenerlo, o darlo. Un abrazo simple y sin razón, solo por compartir energía, un abrazo desconocido y no correspondido, sin sentido y no meditado. Un abrazo extraño y desmedido.

Pensaba que pensaría cada persona en el mismo instante, y en cuantas estarían pensando lo mismo que yo, y preguntándoselo a la vez. Pensaba en lo fácil de existir la situación y en lo difícil que sería saberlo.

Pensaba bastante irritada al bajarme de la micro una tarde de domingo, en que lo más probable, es que cada persona sepa sentir por alguien, sentimientos fuertes, con raíces, de esos entrañables, y de como las personas son capaces de hablar de aquello, si son capaces de arrollar una vida sobre la carretera. Pensaba en paralelo, como es que sobre valoran una vida humana por sobre una animal. Que al fin y al cabo son lo mismo, que ambas comienzan de la unión de un par de células, y que ambas mueren en un latir detenido. Pensaba transversalmente, en lo estúpido del revuelo que hubiese sido, si ese cuerpo inerte fuera un niño humano. En realidad de lo estúpido que es crear diferencias entre las vidas.

A veces, en las tardes de domingo, o en las del lunes, a veces en las del martes, o en la mañana de un miercoles, o en la noche de un jueves, o quizá en la madrugada de un viernes y en la mañana-tarde de un sábado... me molesta pensar demasiadas cosas y darme cuenta que lidio con una pequeña e ínfima kony, aún más pequeña que la autora de esta entrada, que vive dentro de mi cabeza, y que al igual que yo, odia quedar sin respuestas, y que intenta siempre llevar la contra, o simplemente, a cuestionarse. Si, a veces me fastidia. Otras, como hoy en la tarde, de un domingo 1 de mayo, simplemente discuto con ella en silencio caminando por senderos vacíos donde no existe nadie al rededor, donde el chofer de la micro no está, ni los pasajeros tampoco, donde el tráfico no existe, y las voces de las personas en la calle, no se oyen.

Pensaba en una tarde de domingo, que me gustaría a veces, no pensar.

sábado, 16 de abril de 2011

Historiando.

A veces con esto de estudiar, olvido que debo regalarme algo de tiempo. A veces es que me pierdo de estos lugares sociales, que en realidad, casi ni lo son. A veces es que desaparezco un tiempo, pero luego extraño lo que me gusta hacer. Y dentro de aquel agujero encontré la manera perfecta de recordar lo que me hacía falta. He escrito una historia, he estado historiando bajo la tutoría de un profesor bizarro gritón y loco. Un demente al cual admiro desde lejos aún. Pero que me hace realizar trabajos a gusto, no por obligación.
Les presento imaginarios lectores, una historia de amor. La historia de Víctor y Nancy.



Las 18:05, Víctor entra, saca su pistola y apuntando hacia el techo grita:
¡Todos al suelo!

La gente del lugar se agacha desesperada. Se oyen murmullos nerviosos.
Víctor mira a su alrededor asegurándose de que todos estén quietos y se acerca lentamente a la caja.
Se escucha la voz de Ramón, el guardia del local tras de Víctor diciendo:
¡Baja el arma ahora!

La pistola de Ramón apunta directamente al cráneo de Víctor a menos de un metro de distancia.
Nervioso, Víctor se voltea lentamente hacia Ramón y lo observa fijo con sus manos a los lados, pero sin soltar el arma.
Ramón repite:
(Sosteniendo firme el arma, ahora apuntando entre los ojos de Víctor)
¡Bájala ahora!

Víctor se sorprende abriendo los ojos y se escucha una voz fuerte y femenina decir:
¡Al suelo guardia de mierda!
El arma de Nancy toca el cráneo de Ramón.
Ramón se agacha de inmediato y Nancy vuelve a gritar mientras le da un puntapié en las piernas:
¡Suelta la pistola!
Ramón ya en el suelo obedece dejándola a un lado.

Víctor toma su pistola con ambas manos apuntando a Nancy y grita:
¡¿Quién mierda eres tú?!

Nancy le responde mientras sigue apuntando a Ramón ya histérico en el suelo
Tranquilo, te estoy ayudando. Saca luego la plata y vámonos de acá.

Víctor se voltea nuevamente hacia la caja, no sin antes mirar de reojo a Nancy dos veces.
Nancy sigue atenta a los movimientos de Ramón y todos siguen en silencio.

¡Tú, Dame todo lo que hay en la caja!
Le dice un tanto nervioso Víctor al encargado. Él obedece depositando billetes y monedas apresuradamente en una bolsa de papel perteneciente al local. Mientras esto ocurre Víctor lo apunta nervioso con la pistola y mira de vez en cuando a Nancy. El encargado extiende su mano temblorosa con la bolsa llena.
Víctor le arrebata la bolsa de las manos y se voltea a mirar a Nancy sin decir nada.



Vámonos. ¡Nadie se mueva!
Dice ella con voz seca y sin voltear sale del local junto a Víctor apuntando fijamente a Ramón, que aún sigue en el suelo.

Una vez afuera, ambos corren hacia un callejón a cinco cuadras del local y jadeantes se detienen mirándose fijamente el uno al otro.
(Sonriente y cansada)
Nancy, un gusto.
Víctor le sonríe de vuelta y dice:
Yo soy Víctor.


A ver si algún día, puedo realizar en imágenes, mi propio guión.

domingo, 27 de marzo de 2011

Cuatro!


Y el tiempo corre. A veces vuela, otras navega.
El tiempo sigue corriendo, como si tuviese que ganarle a la vida en una carrera esencial.
Y ya han pasado 4 meses desde aquella noche.
Que tanta ventaja lleva el tiempo a la vida?
O es acaso que la vida va ganando?

No cuento ni los segundos, ni los minutos, ni días, ni meses.
Tan solo te tomo de la mano y te llevo a caminar sobre una linea de tiempo interminable.
Si, suena a bastante. 4 meses.
A veces, en solo unos minutos, eres capaz de sentir varias cosas.
En un día, el triple de esos minutos.
Imaginate entonces, en 4 meses.

He perdido la cabeza en varias ocasiones tratando de encontrar las palabras exactas para definir qué es lo que siento.
Es una mezcla homogénea de sentimientos.
Y ya algunas palabras se desvirtúan de tanto renombrarlas.

Vamos a vivir a otro planeta, e inventamos nuevas palabras.
Vamos?
Lo cierto, es que la sensación de felicidad, llámesele como se le llame aqui, o en otro mundo... se siente de la misma manera.

Hey, te cuento que...
camino a veces por el cemento, otras por el pasto.
Voy en una micro, en un asiento no muy cómodo
El viento desordena mi cabello
Un perro me ladra desde una reja
y respiro también.
Vivo.

Y mientras camino, pienso en ti.
En la micro, pienso en ti.
Cuando el asiento se vuelve aún más incomodo, con un extraño a mi lado, pienso en ti.
Mientras mi cabello se revuelve con el viento, pienso en tus manos enredándolo.
Y respiro, vivo... y mientras vivo, pienso mucho en tí.

Porque estoy enamorada de un muchacho.
No no.
De un muchachín.
Porque estoy enamorada de un hombre excepcional.
Porque me siento feliz con mi medio limón.
Porque aprendí a dejar los miedos detrás.
Porque aprendí el significado de una mano agarrando otra con fuerza
Porque aprendí a sentir las miradas.
Porque aprendí a escuchar tu corazón como una melodía.

Más simple corazón.
de limón, de limón..
más simple.
PORQUE TE AMO !
Gracias por ser parte de esta bella relación.

Tu pequeña.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Algo que decir... dicho.

Una noche en que el clima nos mintió.
Una noche que en realidad, la mentira del clima, no importó.
Apaga la pantalla!
Oscuridad
Sentía tu piel con la mía, tu respiración y tu encantadora voz.
Y eras una de las sombras que reposaban sobre la cama.

Nada ni nadie nos podía tocar. En ningún sentido y dimensión.
Momento atemporal.
Seguridad de sentir que solo deseas algo bueno, pulcro, sincero.
Temor de algo bello, de algo puro y hermoso.
Un par de idiotas que callan.
Un par de idiotas que se abrazaban en medio de la oscuridad.
Un par de idiotas que sonreían sin verse siquiera los dientes.

y un silencio, de esos que pocas veces se dan en la vida.
"Un silencio de esos, que no son incómodos" De esos que valen la pena...

Entonces y finalmente ella le preguntó - ¿has sentido alguna vez miedo a algo hermoso?
- Sí... lo he sentido. ¿Y tú? - Respondió.
- Sí, también lo he sentido, pero... se me pasó.
-........
-........
(un poco más de silencio cómodo. )
- ¿Puedo decirte algo?
- Dime.- Respondió atento él.
- Te amo.

Fue como sentir la forma y esencia, olor y sabor de cada una de las letras que conformaba el dúo de palabras.

Hubo otro lapsus de silencio, de esos cómodos. Aproximadamente de 2 segundos. Seguido un abrazo interminable. Los cuerpos, para variar... molestaban. Sentía en mi garganta un llanto mudo, pero de felicidad justo en el momento que oí...

- Yo también.

Aún no me logro explicar como es que suceden estas cosas, aún no logro comprender como es que funcionan los sentimientos. O siquiera si tienen alguna manera de funcionar.
Pero no me importa en lo más mínimo. No me interesa comprender nada de lo que a nosotros respecta.
Simplemente corazón, como te lo dije... a veces no siento el tiempo. Es como si no avanzara, tampoco como que retrocediera, ni mucho menos que se detuviera. Es más bien como que no existiera.

Hoy me siento feliz, Hoy puedo decir que existe alguien que me hace feliz.
Y ese alguien, eres tú.
Te amo... sí... TE AMO!

Prometo cumplir mi promesa, a como de lugar.

viernes, 11 de marzo de 2011

Algo que decir...


En uno de esos momentos mágicos tan innecesariamente invadibles por la mente, ella se dio cuenta de pronto que estaba a punto de estallar en palabras.
Ahí quedó completamente estupefacta.Con la mirada perdida en los ojos de su amante. Justo después de un beso que acababa de pasar, y que comenzaba a terminar con una caricia por la orilla de su rostro.
Su corazón comenzaba a molestarse con ella, pues no le dejaba latir de la manera que quería. Como dueña sobre protectora, se ponía en la difícil situación de que el corazón se lastimase. Tal como se lastima un deportista que no ha elongado.

Aún atónita ahí en la habitación frente a él, ella le sugirió a su cuerpo detenerse. A sus ideas descansar un momento, y las palabras que asechaban con salir, las escondió de manera casi perfecta.

Pasaron unos minutos, y el impulso, el arrebato, desistió.
Ya luego de un rato aún más largo, de lo que pareció haber sido eterno en aquella disyuntiva de decirlo, o no... ella se encontraba sentada en el penúltimo asiento de la micro al lado izquierdo. Se encontraba sola, y rodeada de muchos auto reproches.

Miraba por la ventana, con la música sonando fuerte en los audífonos, mas ella no escuchaba nada. Ella solo recordaba el inerte momento, y pensaba.
Iba sumergida de la manera más caótica y trastornada posible en sus pensamientos, en el juicio que ejercía sobre su NO acto NO llevado a cabo aquella tarde.

La rabia recorrió de pronto su cuerpo completo, se movió de manera serpenteante en un escalofrío.
Actuar con cobardía, era algo de lo que siempre se arrepentía esta pequeña muchacha tan poco sencilla.
Se cuestionaba entonces, la magnitud de su problema, de su trauma. Se lo cuestionaba y a la vez lo odiaba cada segundo más.

Fue entonces que después de muchas horas de meditar, y re meditar la situación de manera lógica y también ilógica, esta pequeña muchacha tan poco sencilla decidió que la próxima vez que le viera, y encontrara de nuevo ese preciso momento en que sus almas parecían abrazarse, se lo diría.

Nada más, ni nada menos. Es así de simple, así de fácil, se repetía ella una y otra vez.
Arriesgado, pero excitante y adrenalínico, pensaba de pronto y más se convencía de hacerlo.

Porque cuando hay algo que decir, simplemente, y con mayor razón si es que proviene del corazón... HAY QUE DECIRLO.

Fuera temores, fuera traumas y rencores.

sábado, 5 de marzo de 2011

Anytime and Anywhere...


Ambos caminaban lento, el agotamiento de la semana comenzaba a posarse sobre sus hombros. Caminaban lento y tomados de la mano de la manera tan peculiar que tan solo ellos conocían. Palma con palma, completamente reposada la una en la otra, con una ligera fuerza que hacía mantenerse el calor entre ellas ya casi sin espacio.

Era de noche y las calles brillaban por la lluvia que había dejado de caer unas horas atrás, ambos caminaban lento y devastados, bien arreglados. Ella usaba poco maquillaje, un poco de sombra sobre los párpados, como si fuesen ojeras en el espejo, y un poco de rimel en las pestañas. Un par de aros colgantes en forma de música colgaban de sus orejas y un suave perfume parecía escapar de su cuello.
Él nunca usaba accesorios, parecía lucir mejor una barba recientemente rasurada que algo sobre la solapa. Un viril aroma asechaba su caminar lento y tranquilo.

De vez en cuando se miraban y sonreían silenciosamente, se dedicaban palabras con la mirada, iban decididos a pasarlo bien, ambos le prometieron a la noche que no importaba cuando, ni el lugar específico, sabían arreglárselas por ellos mismos.

Al voltear en una esquina con adoquines escucharon de pronto la melodía estrepitosa y elegante que emitía el interior de un bar.
-Vamos- Dijo él completamente decidido tirando de manera sutil y grácil del brazo en compañía. Se encontraron de pronto ingresando en las fauces de una noche especial.

El humo se mezclaba de manera perfecta con la luz tenue del lugar, creando a momentos siluetas despampanantes. Ninguno de los dos fumaba, sin embargo esa noche ni el humo, ni nada los molestaba.
Una banda tocaba una especie de rock con vestigios de blues, y modernismos elocuentes. Una banda integrada por músicos que no tenían ojos.

El lugar se sentía lleno, sin embargo no había nadie que pudiese estar vigilándoles. Los asientos estaban vacíos, esperando por sus dueños momentáneos que se acercaban a la barra del bar. La pista de baile no era más que todo el lugar a sus anchas completamente desolado, repleto de melodías y almas bohemias.

Ella se sentó en el tercer asiento de derecha a izquierda. En el tercer asiento, justo al lado de nadie en el cuarto y mirando hacia la barra.
Pensaba bastante desconcentrada qué pediría al invisible barman, mientras que él observaba como las curvas de su cabello caían suaves sobre sus hombros al descubierto.
Ella lo presentía, él de a poco se animaba.
El cuello perfumado de ella era atacado de pronto por un par de labios encantadores que irrumpían con la fuga aromática, y le estremecían.
Ella cerró sus ojos y disfrutó del momento, mientras él con sus manos le agarraban fuerte por la cintura.
Quedaron frente a frente, lejanos en cercanía y entrelazando sus cómplices miradas. Ella ennudó sus brazos al cuello de su compañero y arrastró aquellos labios a los suyos, mientras el humo danzaba en círculos cerca de sus narices, delatando la respiración ya agitada que desató aquel beso lento.
El palpitar de ambos corazones parecían sincronizarse con el ritmo de la música al fondo.
Y en medio del sonido, de aquel solo de guitarra, dos cuerpos desnudos se acariciaban justo en el centro en apasionante batalla.
Nadie los vio llegar, ni seducirse.
Nadie los vio besarse, ni apasionarse.
El humo del lugar seguía difuminando todo el espacio, la música se mantenía en vivo ciega, íntima y sonando...
y ellos salían del lugar sonriendo y tomados de la mano, de la manera tan peculiar que tan solo ellos conocían.

martes, 22 de febrero de 2011

Una pequeña gigante.


De pronto desperté aturdida y ahogada, revolcándome entre un par de sábanas gigantes. Apartaba con una mano un pedazo de tela sobre mi, y al momento otro trozo de sábana llegaba golpeando mi cara de manera pesada y suavemente algodonada a la vez. Me sentía como una hormiga atrapada en una servilleta que le han arrojado de pronto encima.

Cuando por fin logré salir a través de un pliegue por el que se veía un poco de luz, tropecé torpemente con la pata peluda de un peluche enorme.
Sorprendida aún, mi corazón latía a diez mil por minuto al ver un rostro tierno del tamaño de un edificio de trescientos metros hacia arriba. Levanté la vista un poco más allá del aterrador y adorable peluche, y visualicé un par de telas rojas que parecían subir hasta el infinito. Era como estar en presencia de un escenario teatral para gigantes, un par de cortinas que en cualquier momento abrirían para comenzar con el vasto espectáculo.

Seguí vagando luego de comprender que embobada mirando las colosales cortinas no llegaría a encontrar la respuesta a las mil y una dudas que invadían en ese instante mi cerebro. Deambulé un buen tramo sobre un suelo textil que daba graciosa forma a mis pasos casi desesperados. Hasta que sin darme cuenta, frente a mi se extendía una descomunal muralla de madera barnizada. Se dividía en varios compartimientos de excesivo tamaño. Entre ellos distinguí otros rostros peludos y adorables que totalmente inmóviles me entregaban la certeza de ser solo peluches gigantescos.

Uno de ellos conectaba la muralla con el terso suelo en donde me encontraba, y decidí trepar por él hacia la cima de la muralla barnizada. A diferencia de escalar una montaña, a medida que avanzaba hacia arriba, no se sentía más frío que abajo, ni el viento corría al rededor, ni mis pies pisaban huecos rocosos, ni se veía nieve en la punta, de hecho ni siquiera veía una punta. Todo era completamente afelpado y esponjoso.

Cuando al fin llegué a una especie de cúspide plana, me percaté de una enorme pantalla que reflejaba el brillo de una luz artificial que parecía el sol incrustado en un techo con estrías de cemento. Claro, pensé de pronto... como no haberme dado cuenta antes, era tan solo una ampolleta.
En tanto, seguí observando y analizando el gran objeto refractante, hasta dar cuenta por perillas del tamaño de mi cabeza, que se trataba de un televisor prácticamente antiguo a comparación de los que hoy se venden, pero nuevamente, del tamaño utilizable para un gigante. Comencé en ese instante a sentirme de igual manera que Pulgarcito. Corrí en dirección opuesta al extraordinario televisor, pensando angustiada que llegaría en cualquier momento un malhumorado gigante dueño de todo esto a tomarme entre sus enormes manos y aplastarme como a un insecto.

Subí rápidamente por una escalera formada por enormes cajas de medicamentos, hasta quedar justo al borde de la colosal muralla barnizada.
Aterrada y atrapada frente a un formidable y desmesurado precipicio, comencé a sudar agobiada. Traté de pensar en alguna solución segura para poder escapar de ese espantoso lugar sin ser atrapada por alguna criatura devastadora. Miré nuevamente hacia la grandiosa ampolleta en el techo y encontré bajo ella la silueta de tres aves que parecían volar al rededor de la habitación de manera grácil y ligera.

Como parecían inesperadamente inofensivas, y la situación parecía estar al límite, inicié la construcción de un elaborado plan, para poder de un salto subir al lomo de alguna de aquellas aves y así poder salir gloriosamente de la aterradora habitación. Tan pronto como finalicé mi concentrado plan, me percaté de un enorme problema.

Sin darme cuenta en qué momento sucedió, las tres aves habían dejado de moverse en círculos, y aunque estaban suspendidas en el aire, ninguna de ellas aleteaba para mantenerse en lo alto, allí donde estaban.
Fue entonces que comencé frustrada a observarlo todo más detenidamente. Y cuando de manera diligente caí en la cuenta de que aquel suelo textil por el que había deambulado hace unos momentos atrás, no era nada más extraño que mi propia cama. Que las enormes telas rojas infinitas y colgantes, no eran más que las cortinas de mi cuarto. Que la colosal muralla barnizada, no era más que el mueble donde guardo mis peluches y donde reposa mi pequeño televisor antiguo. Donde encima conservo todo tipo de medicamentos veterinarios, y que aquellas aves inmóviles y flotantes, no eran más que un trío de pajarracos hechos de papel que pendían de un hilo bajo la pantalla que cubre la ampolleta de mi habitación.

Sucedió entonces que desperté de golpe en mi tan normal cama, frente a mi pequeño televisor entre mis cuatro paredes, al lado de mis medianas cortinas. Desperté de golpe, tan gigante como lo he sido siempre. Desperté de golpe y un tanto apesadumbrada por si encontraba alguna pequeña criatura que se aterrase de mi horrendo tamaño.

domingo, 20 de febrero de 2011

Escribir...


Me gusta escribir. De vez en vez me pregunto a mi misma el porque de algunas cosas que hago, o que tal vez, no hago.
No hace mucho recuerdo mi cuerpo varado en la cama, la música sonando bajito solo como un apoyo al entorno, mis cortinas rojizas cerradas, y nadie a mi al rededor. Recuerdo que de pronto sin razón relevante alguna tuve la endemoniada necesidad de tomar un lápiz, un papel, ponerme cómoda y escribir, escribir, escribir...
No importa a veces a qué ni a quien. Tan solo lo necesito.
No importa que etapa de mi vida esté pasando, siempre surge.
No importa el cansancio de mi mano cuando ya las palabras parecen morderse entre ellas.

Me gusta escribir.
A veces en papel a puñal de tinta en mano
Otras veces prefiero textear en el teclado
También he escrito en el aire, en el agua y en la arena.
Con un dedo, o una rama o la punta de una zapatilla.

Tomando en consideración lo gratificante que es tener una bolsa de vómito que no huela mal y que esté casi siempre al alcance de mis manos, les agradecería durante toda mi existencia a quienes me ayudaron a aprender los trucos de esta magia.
Refiero a familiares y profesores mayoritariamente.

Me gustaría que supieran que he aprendido a utilizar muy bien esta varita mágica. Hasta he logrado el truco de la desaparición casi a la perfección.
Aludo a la encantadora sensación cuando me siento ofuscada, enojada, triste o apenada y logro dejar por escrito un hechizo que vacía mi alma, ínfimas palabras que me tranquilizan, palabras que me calman.

Creo que mi cerebro sufre de bulimia, luego de digerir las cosas, cuando se mira al espejo y considera que está muy lleno, no lo medita demasiado, tan solo vomita.

Insisto en que es mucho mejor así, esta manera de vomitar no duele, ni molesta en la nariz un olor ácido, no me debilita (al contrario), y sin embargo... cumple con el mismo efecto. Me deshago de la mierda existente en mi y termino sintiéndome más liviana.

A todo esto, debo comprar repuestos de tinta para mi pluma.
Porque quiero escribir...
porque me gusta escribir.

martes, 15 de febrero de 2011

14 de febrero pasado.




Ayer 14 de febrero del 2011, no fue San Valentín, ni el día de los enamorados, ni el monstruo comercial asechando a la vuelta de la esquina
Ayer 14 de febrero del 2011, vi un montón de gente con flores en sus manos, chocolates, globos y demases, mas no les miré. Como dice alguien por ahí, mientras pasaban frente a mis ojos, tuve quizá la sensación de que aquellos seres enclaustrados en una fecha comercialmente linda, caminaban en las mismas calles que yo, pero luego de un lapsus caía en la verosímil cuenta de que habían fallecido unos segundos después. Tan solo pasaban, cual pelusas en el aire.
Ayer 14 de febrero del 2011, nada era tangiblemente cierto ni tampoco falso. Ayer 14 de febrero del 2011 mi preciosa pequeña peluda cumpliría 9 añitos.
Ayer 14 de febrero del 2011, la extrañé un poco más que todos los días que llevo extrañándola hace ya 2 años.
Ayer 14 de febrero del 2011 por allá en lo alto de las nubes, en un cielo estrepitosamente calmo celebrabas alegre tu cumpleaños mi preciosa.
Ayer 14 de febrero del 2011 te recordé, te lloré, te llamé, te abracé, te besé y te extrañé.
Pero hoy 15, sigo haciéndolo y te sigo amando como la pequeña peluda mas linda e inteligente que ha pisado este mundo en 4 patas.
Feliz cumpleaños mi niña bonita...
Mi niña bonita
con tu carita de rosas
mi niña bonita
cada día más preciosa...

Te amo perruni mia, se nos hace tremendamente difícil acá a este lado de la vida no tenerte en lo tangible. Pero estás siempre en nuestros corazones, siempre y cada uno de mis días.

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Como una moneda, el día de ayer 14 de febrero del 2011, tuvo dos lados.
Una tarde agradable, de miradas, de regalos, de besos fugaces, de paseos, de conversaciones, de sushi, de helado, de jugo, de sobredosis de azúcar...sobre todo, una tarde llena de risas, de alegría, de cariño orbital.

Una tarde noche resuelta en una petición simple.
Quédate me dijiste. Y me quedé para acompañarte. Para hacer de nuestra pequeña despedida algo más larga. Para hacer de tu estadía más duradera.
Quédate me pediste, y fue la mejor decisión que pude haber tomado.

Una noche lenta, que comenzó con un paseo a la pequeña Sami, una noche lenta que pasó a ser risas por vídeos estúpidos y graciosos encontrados en la internet. Una noche lenta, donde las caricias abundaban y donde los intervalos de nuestro respirar se yuxtaponían en perfecta sintonización.
Una noche resuelta en otra petición. Una noche perfecta, donde hemos vivido un sueño a ojos abiertos. Donde cada centímetro de tu piel recorrió mi cuerpo. Una noche utópica, donde nuestras almas se tomaron de la mano y corrieron cuesta abajo al encuentro de un colchón relleno de ilusiones que se volvían realidad. Una noche tranquila, excitante, excéntrica y única.

Un madrugar con el color de una fruta que está madura, un madrugar sereno, calmo. Un madrugar categóricamente encantador, Un madrugar donde abatiste mi corazón con unas palabras que tal vez nunca olvidaré. Sentí como salían de tus labios, tan ligeras, y tan graves y peligrosas a la vez, tan tiernas y sutiles, tan agobiantes en su precisión y concisión. Un par de palabras que hicieron a mi pecho sentirse estallar como un fuego artificial, así tal cual. Y ahí estaba tu rostro tan sencillo, tan afable, tan viril y a su vez adorable. "Es como un sueño, de esos que en verdad no se cumplen... y este sin embargo como dijiste luego también, está en proceso"
Si los sueños que son tan lindos, suelen no ser realidad, hagamos que la realidad, parezca un sueño.
Hace mucho tiempo no sentía como las palabras de alguien hacían que mi cuerpo completo se estremeciera en una emoción de alegría excedida.

Buen viaje mi preciado muchachín, mi corazón de limón, mi citrijuela, mi queridísima alma gemela.
Estaré esperando a tu regreso, ansiosa pero tranquila, estaré esperándote como siempre con los brazos abiertos para contenerte luego en un abrazo de esos en que los cuerpos llegan a molestar.

Mientras, disfruta de la experiencia en aquel país, respira fuerte en las mañanas, para que renueves el aire de tus pulmones, y obsérvalo todo, que la mejor cámara fotográfica donde puedes dejar recuerdos, es tu memoria.

Te quiero de una manera única, loca y desmedida. Gracias por todo corazón.

lunes, 24 de enero de 2011

Que agradable.

Que agradable se torna la tarde cuando sé que voy en una micro llena de gente camino a tu encuentro.
Que agradable se torna la noche de un domingo cuando las calles de Ñuñoa se rinden a nuestros pies dejándonos transitar de la mano por horas.
Que agradable se torna el silencio en la noche de un domingo que permite escuchar el crujir estrepitoso de una hoja seca que es pisada por uno de nosotros.
Que agradable se torna la madrugada cuando el calor de nuestros cuerpos hace que se fundan en uno solo.
Que agradable se torna cualquiera sea el momento en que una sábana de intimidad rodea nuestros cuerpos.
Que agradable se torna abrir los ojos aún pequeños y cargados de sueño para encontrarme a tu lado.
Que agradable se torna comer con plato en la mano a la deriva de la cama mientras vemos y analizamos una loca película juntos.
Que agradable se torna la cercanía cuando me deja verte sonreír tan próximo a mis labios.
Que agradable se torna el agua fría de la ducha escurriendo por nuestros cuerpos enmarañados.
Pero lo que sin duda es agradable, es cuando la vida misma pierde sustancia, masa volumen y peso para transformarse en felicidad, en caricias, en un exceso o sobredosis de cariño que nació una tarde y encontró fin a la tarde siguiente.

Deseábamos estas casi 24 horas juntos corazón. Las deseábamos y se cumplieron. Lo importante ahora, es seguir manteniendo esta especie deseos juntos, deseos que al igual que este se cumplan en plenitud.

Te quiero mucho mi medio limón!

sábado, 22 de enero de 2011

La vida.


La vida suele ser tan simple... o tan complicada.
La vida se resume en un pestañeo, la vida comienza en la caída de una hoja seca en la copa del árbol más alto, y concluye con el crujir de esta misma en un suelo insípido.
La vida suele ser tan simple, como llenar los pulmones de aire puro sobre una montaña en una inhalación interminable.
La vida es tan complicada como la anatomía de un célula.
La vida trasciende en aquel espléndido sonido de la lluvia colisionando contra el techo de una casa. En ese ritmo impulsivo e imperfecto que las nubes crean al llorar.

He comenzado, a entender que mi vida suele ser muy simple. Entiendo lo simple que es darme cuenta que es a la vez tan complicada como me la puedo imaginar.
Con un poco de tiempo, de tranquilidad, de pensar. Me he dado cuenta que soy yo quien galopa de manera salvaje sobre un campo de destino formado, y no la vida sobre mi.

miércoles, 12 de enero de 2011

Love of Lesbian - Allí donde solíamos gritar



Que vídeo más adorable.

Al borde del colapso.


Hoy miércoles 12 de enero del 2011, a las 0:53 minutos, cuando recién empieza el día, y es de noche... escribo con un solo propósito. Escribo porque he dejado atrás el martes.
PERO QUÉ MARTES.

Hoy, la verdad es que puedo llorar de felicidad, como dice un querido amigo por ahí en un cortometraje.

Descubrí que en un día puedes pasar por todos los estados anímicos que logres imaginar.

Que horrible, de haber estado feliz y tranquila, bastó con un abrir y cerrar de ojos, bastó con un par de palabras, para que todo el mundo comenzara a derretirse frente a mis ojos. Comencé a sentirme ahogada, preocupada. Nervios, los nervios se apoderaban de mi, cual colonización de cuerpo. Me sentí sola, y sin producción de pensamientos, no reaccionaba, solo tiritaba.

Afortunadamente, tengo amigos únicos. Afortunadamente, devolviste mi desesperado llamado. Viajaba en una micro al encuentro de algo que lograra centrar mi cabeza, viajaba en una micro que de llena, pasó a ser nada. La música en mis oídos sonaba a todo volumen, y no era capaz de escucharla. De pronto las personas desaparecieron, el chofer no existía ni la micro tampoco. Me encontraba en un momento desagradablemente íntimo con el vidrio de la micro. Y mi mente, que solo daba vueltas y vueltas en un circulo sin final.

Llegué, un abrazo me contuvo y me hizo caer en la cuenta de que aún estaba en el planeta tierra, con vida, y con un gran problema que resolver. Gracias Héctor Fernández por la caminata más larga de mi vida. La necesitaba. Eres un gran amigo.

La verdad es que ni siquiera me esforcé por esquivar el golpe que me propinó la vida. Lo acertó de tal manera, que sola advertí lo que me quería decir. Ahora al menos puedo respirar, solo luego de haber estado al borde del colapso.
Luego de haberme sentido un insecto, una cucaracha maldita, indefensa y vulnerable como ella sola puede estarlo, como una cucaracha maldita que paseaba por las calles preocupada, no de avanzar, sino de los pies que posiblemente podían aplastarla.

El día de ayer aprendí una millonada de cosas. La vida me miró fijamente a los ojos, y me agarró de los hombros para darme un remesón bastante fuerte. Tomó delicadamente una tonelada, o dos (o quizá más) de preocupación y la puso sobre mi.

Fue como estar al borde de un acantilado en puntas de pie. Definitivamente sentí lo que es estar al borde del colapso. Mis nervios vibraban de una manera poco agraciada y confortadora. Me crucé caminando extraviada y sin darme cuenta, con uno de mis más grandes temores en la vida. Me acerqué tanto que fui capaz de escuchar su voz burlona regañándome con malicia.

De momento puedo dar un respiro hondo. De momento puedo asegurar que he vivido los 3 minutos más largos de mi vida. De momento las manos aún me vibran descontroladamente, pero al menos ya no sudan. De momento el estómago está más relajado que hace unas horas. De momento sé que las cosas se han vuelto delicadas. De momento pensaré en mi coartada.

He comenzado a sentir como los nervios comienzan a morderme, y me gritan, me culpan de lo que me están haciendo. El cerebro ha intentado apaciguarlos, pero sé que unas horas más tarde, cuando despierte de algún (espero) reconfortante sueño, atacarán como nunca. Comienzo a sentir un dolor de brazos y de piernas, comienzo a sentir un dolor que se acopla a la parte de atrás de mi cerebro, y una fatiga horrenda en mi estómago.

Sin embargo, no me puedo quejar. Es lo mínimo que quizá podría sentir alguien, que logró estar al borde del colapso.

Definitivamente, quiero escapar de santiago. De alguna maldita, regañadora y odiosa manera, se ha juntado esta asquerosa situación, con un viaje a Curicó, que termina en destino a Vilches, a una casa en la montaña. Tal vez, como muchas personas dicen, “las cosas pasan por algo” y si este viaje significa mi algo, lo tomaré a consciencia. Lo tomaré sin dudas ni mañoseos, tan solo iré a olvidarme por un rato de los problemas. No de lo sucedido, las lecciones no se olvidan. Pero sí a desaparecer un rato de esta ciudad, de este pequeño planeta intoxicado. A disfrutar unos días de la calma, para volver al exterminio de calma que se lleva a cabo acá en la ciudad.

Una vez más gracias amigo Títin, y Gracias a ambos… a mi medio limón por siempre estar ahí, por esa mano que sin saberlo necesitaba mientras recorriamos el camino eterno aquel.

No volveré a pasar por esto, no quiero que suceda, y no dejaré que suceda. He prometido todo lo prometible a cierto personaje ya nombrado, pero esta vez se trata de cumplir conmigo misma, y contigo corazón cítrico. No quiero volver a fallarnos, no quiero sentirme NUNCA MÁS, al borde del colapso.

Se trata de una promesa hecha por mi, para mí. Una promesa que indiscutiblemente voy a cumplir.

// Los quiero mucho muchachos, en demasía.

lunes, 10 de enero de 2011

Ellos =)


Entre marzo y abril del 2009 lo conocí, con 2 meses de vida y una carita completamente adorable. El más perezoso, peludo y grande de todos. El que tenía una pequeña mancha blanca en su pecho que ya casi ha desaparecido. Desde que lo vi entre todos ellos, supe que sería para mi, y yo para él. Simplemente, un ser especial.

Contigo, cambian algunas cosas. No todas, pero si algunas. Te conocí entre marzo y abril, pero del 2010. Fuiste mi compañero, en uno de los ramos que más aborrecía. No resaltaste de gran manera entre todos como él. No me parecías ni el más perezoso, ni el más peludo, ni el más grande de todos. Tampoco tenías una pequeña mancha en tu pecho, que llamara mi atención. Pero aún así me encantaste con tus ojos, con tu voz, con tu encantadora forma de ser. Aún así fuiste (y eres) especial. Y al igual que con él, algo dentro de mi, me indicaba que serías para mi, y yo para ti.

A medida que pasó el tiempo, lo vi crecer. Mes a mes. Vi como poco a poco, se convertía en la hermosa bestia negra y peluda que es hoy. Comenzaste a ser mi fiel compañero, aquel que salía conmigo a todos lados. Mi mejor amigo, y mi preciado hijo.

A medida que pasó el tiempo, luego de unos extraños y quizá no muy agradables acontecimientos. Vi como este inmenso cariño, se convertía en una preciosa amistad a pesar de todo, como la pequeña maleza que crece de entre el pavimento. Una amistad llena de consejos, de abrazos, de risas, de penas, de pactos. Vi como de una manera casi accidental, y completamente sorpresiva se convirtió en esto tan exquisito que tenemos hoy. Has sido mi fiel compañero en muchas hazañas estúpidas, y nos quedan muchas por vivir. Quiero que seas aquel que sale conmigo a todos lados, que sigas siendo siempre ese mejor amigo, y también mi alma gemela que vive y disfruta a concho esta relaciónNorelación. Mi mano estará siempre abierta esperando por la tuya, para ir en busca de cosas nuevas juntos.

Me convertí en su madre, lo he criado, querido, amado, mimado y cuidado. Y lo seguiré haciendo por siempre.

Me convertí en tu medio limón, no te he criado, pero prometo seguir queriendo, amando, mimando y cuidando esta exquisita sensación que hoy invade nuestras vidas.

De pronto, caí en la cuenta de lo perfecta que era la situación. Si bien nunca lo busqué, ni lo pensé antes… el verte allí con él, con mi pequeño, ver como movía frenéticamente su colita cuando le hablabas, ver como flojeaban juntos esparcidos sobre mi cama, ver como eras capaz de entregarle cariño tan de cerca, tal cual lo hago yo, me hizo considerar por completo la situación.

Si bien tiene una madre que se preocupa y preocupará siempre de él, y pensaba que con eso bastaba… en aquel momento me cuestioné ¿Por qué no otorgarle un padre? Pero claro, no podía ser cualquier ser viviente, este padre debía cumplir una serie de requisitos bastante exquisitos. Tenía que ser tierno, tenía que entregar felicidad con su mirada, debía tener una voz encantadora, y tierna autoridad, ser responsable, y por sobre todo la capacidad de abrazarlo y besarlo sin pudor animalístico alguno.

Lo impresionante de todo esto, es que nunca fui yo quien armó la serie de requisitos, estos surgieron a partir de ti, las fui leyendo a través de tus actos, y decidí proponerte la idea.

Con una preciosa mirada y una sonrisa escandalosamente acogedora…aceptaste el reto, el desafío de ser padre de la criatura más adorable y peluda del planeta tierra, y claro..te lo agradezco.

Simplemente mi querido muchachón, así como supe que mi cachorro, sería MI cachorro (valga la redundancia), es como supe que debías ser ese padre que durante todo este período de vida, había estado ausente.

Simplemente porque eres especial. Un amigo y un amante excepcional, porque Travis te quiere, y porque me entregas la confianza suficiente, la certeza de que serás capaz de quererlo siempre, sin importar lo que suceda.


Ellos, son ellos mi par de muchachines lindos, un tanto estúpidos como todos, tiernos y adorables a la vez.

Ellos, son ellos la felicidad que me invade hoy.

¡Los adoro par de bestias salvajes!

Cariños, un besito y un abrazo para mi cachorro, nuestro Travis Felipe Sáez Brito.

Un beso slow, junto con un masaje y un abrazo de aquellos… solo para ti, mi citricuela chupa jugo de limón.


(Son un par de weones lindos, AMO LAS FOTOS)

sábado, 8 de enero de 2011

Agh!


Bien, excelente, MA-RA-VI-LLO-SO.
Mi idea era escribir algo hoy en base a una foto específica. Pero debido a que nunca pasé la foto de mi cámara al notebook la perdí por completo, ya que vacié la tarjeta de memoria, para sacar fotos en año nuevo.
Me acabo de ofuscar, y la inspiración se ha evaporado y esparcido en un millón de moléculas microscópicas en el aire.

MORALEJA, si sacas una buena foto... lo primero que debes hacer al llegar a tu hogar, es guardar una copia si no quieres luego mañosiar con el mundo por la idiotez humana que ha salido a flor de piel. (Atención cursos de fotografía, incluyan esa moraleja, como una de las reglas primarias)

Estúpida tecnología, debió haber sido análoga...A-NÁ-LO-GA !
y más estúpida yo, que no la aseguré.

Agh! Que rabia.

jueves, 6 de enero de 2011

Paseo.


Alguna vez has sentido ese malestar que se acomoda y acurruca dentro tuyo sin razón alguna?
Como si de pronto alguien con un saco de arena, vertiera un buen poco dentro de tu cabeza, y pesara, molestara...se moviera de un lado a otro.
Como una especie de rota virus espiritual.

¿Qué hacer en aquellas situaciones?
Es 2 de Enero del 2011. Tal vez debería tener algún sentimiento, un residuo de las fiestas. Pero no, hoy me siento distinta, más extraña que de costumbre. Como si todo me irritara, como si estuvieran aguijoneando algo dentro de mi, y pinchara, pinchara una y otra vez.

Por otro lado, es el cumpleaños de mi cachorro. No es justo que su madre humana estuviera con cara de pescado sentada en la mesa del living frente a su notebook escuchando música esperando que se le pasara la arena de la cabeza a los pies. Aparte, la fuerza de gravedad no estaba de mi lado, la arena molestosa no se iba.

Fue entonces que decidí tomar cartas en el asunto. Me paré de la silla, alargué mi brazo hacia el costado del sillón, donde reposaba la correa de mi cachorro cumpleañero. Y al instante en que el broche sonó en el aire, su cola comenzó a moverse frenéticamente de un lado a otro. Sus ojitos se iluminaron y sus alaridos felices hicieron que más decidida me sintiera de salir a caminar un rato por las calles de mi barrio.

Tomé mi fiel compartimiento de música, coloqué los audífonos en sus respectivos lugares, miré a Travis y con un “Vamos cachorro” comenzamos nuestro viaje.

Era una tarde para variar muy ventiscosa acá en Cerrillos. De vez en cuando mi cabello me abofeteaba, como queriendo decir… ¿Se te pasó la idiotez?
Otras, Travis tiraba de su correa, exaltado, excitado por los demás perros que suicidamente se acercaban a gruñirle. Creo que si no fuera una bestia de 46 kilos, lo dejaría suelto, pero lamentablemente ante la provocación de especies con menor tamaño (Que son casi todos los demás perros) su instinto caníbal sale a tomar el sol.

Pasamos a ritmo lento por las pequeñas placitas situadas a un lado de la caletera de Américo Vespucio. Había poca gente en las calles, y de vez en cuando Travis recibía algún elogio.

Al llegar a Vespucio con Avenida Las Torres, algo me sorprendió de sobremanera. Como si de pronto con la delicadeza que la tinta de una pluma de escribir, mancha el papel, alguien hubiese sacado la mitad de arena que llenaba el pesado saco dentro de mi cabeza.

Mientras Travis en un acto inmoral y despreocupado, orinaba unas plantas de al rededor. Mis ojos completamente embobados recorrían el espacio verde entre las calles, de un lado a otro.
Lo recorrían siguiendo un vuelo sutil, un vuelo enigmático, fantásticamente mágico de un par de golondrinas que jugueteaban a ras de suelo.
Tan grácil era su vuelo, que parecían una hoja de papel al viento, pero a velocidades mayores.
Ellas tan ágiles, veloces y fugaces. Tan pequeñas y recónditas en nuestra ciudad. Con ese color azuloso marino, tan peculiar, y el triangulo de espacio que se forma entre las últimas plumas de la cola, siempre tan singular.

Hacían parecer que no había calles, que no existían las personas, ni los edificios, hacían parecer al pasto un mar inmenso color turquesa, y se burlaban de nuestra torpeza pasando alrededor nuestro, a un centímetro del suelo.

Me tenían embobada, con los ojos emborrachados y la mente en otro lado. Hasta que un anciano que cerca regaba el pasto, posó sus ojos en nosotros dos. Me desconcentró de aquella fantasía, y Travis comenzaba a impacientarse por seguir el camino en búsqueda de tranquilidad.

Seguimos caminando por senderos de gravilla húmeda. Pisando pequeños espejos efímeros acuáticos creados por las regaderas que el jardinero muy temprano se preocupó de colocar sobre aquellos pisos alfombrados con pasto. Era una especie de regadío mágico, como dijo por ahí la mitad de un limón preciado. Como si el agua saliera de ensueño por la presión ejercida, y creara un rocío agradable que danzaba con el viento.

Un poco más allá Travis logró sentirse más alto de lo que en su mundo perruno es. Una rama decaía casi hasta llegar al suelo, y esto pareció impresionarle un poco. Se detuvo pasmado ante la grandeza de poder tocar con su nariz húmeda la rama de un árbol. Quizá pensó en ser el primer canino en tocar con su narizota las ramas de un árbol, sin tener la necesidad de saltar o intentar volar en cuatro patas. O tal vez, tan solo tenia un buen olor que yo no logré percibir. Fueron solo unos segundos, y retomamos nuestra impasible caminata.

De pronto ante mis ojos cansados que miraban el suelo queriendo atravesarlo, se posicionó un camino de huellas plumíferas. Sobre la gravilla seca, quedaba la evidencia de una despreocupada paloma, que en algún momento del día se paseaba parsimoniosamente en busca de alguna migaja que comer.

Me pareció algo tan bello, tan minúsculamente agraciado que una sonrisa escapó de lo más insondable de mi ser espiritual.

De vez en cuando, Travis se volteaba a mirarme, como asegurándose de que quien llevaba en sus manos la correa que a su cuello llevaba atada, fuera yo. O tal vez miraba mi rostro, para ver que cambios había experimentado, o tal vez solo miraba esperando que estuviera suelta la correa. Pero no lo sé, era bastante agradable y armonioso ver como a la vez que lográbamos cruzar una mirada, su cola comenzaba a moverse de un lado a otro, y una caricia en su cabecita esperaba ser regalada.

Comenzábamos a llegar al final de nuestro viaje, el suelo alfombrado de verde se precipitaba a terminar. Y el asfalto grisáceo aparecía imponente ante nuestros ojos. La música que sonaba calma en mis oídos, me recordó el motivo de nuestra salida.

¿Arena? No recordaba de donde había salido, ni en que momento se había vaciado por completo el saco. Tan solo me sentía liviana, etérea, tal vez vaporosa, y en parte menudita.

¿Vámonos a la casa cachorro?

Su cara como siempre iluminada de una esencia tan tierna, me convenció a poner pies en polvorosa y correr un tramo a través de los árboles y arbustos del lugar. Corríamos velozmente, y en su adorable carita, parecía haber una sonrisa de aquellas que emiten los niños, como queriendo decir… ¡¡¡¡Vamos, vamos… a ver quien llega primero!!!

Reí de improviso, una carcajada escapó ágil de mis adentros. Y algunas personas nos miraban atentas. Yo tan solo las ví de reojo. De pronto solo existíamos Travis, yo y una alegría que se acurrucaba en mi pecho, una alegría inexplicable… de esas que tan solo un paseo por el parque con tu cachorro puede brindarte.

Ya no hay más arena, no queda nada pesado dentro de mi cabeza. Volvimos corriendo a la casa, y nada nos importaba. Cuando llegamos todo estaba como antes, pero nosotros habíamos experimentado una de las mejores tardes.

De vez en cuando, hace bien salir a pasear.