Me es inevitable no recordar con este vídeo aquel día, en que un grupo de perros salvaron mi vida. Es por eso que quiero con tanto fervor a los perros callejeros, tienen una fidelidad especial e incondicional, una humildad increíble.
Eran más allá de las 12 de la noche o tal vez más allá de la 1 no recuerdo bien, una solitaria noche de un día de semana en estación central. Llegué al paradero donde tomo la 109. No había absolutamente nadie. Inclusive la gente del Mc.Donnals de la esquina se habían ido. No había nadie humanamente hablando a mi al rededor. Solo estaban ellos. Un pequeño grupo, de 5 perros dueños del paradero. 3 de ellos dormían bajo los asientos metálicos que el gobierno a puesto a disposición de nosotros los transeúntes que utilizamos la mierda de transantiago. La verdad es que son la incomodidad máxima, me alegra saber que al menos sirven de techo para otros.
El tema, es que estaba ahí y hacía mucho frío, uno de los perros se me acercó, era un cachorro aún. Le hice cariño y el otro que estaba cerca corrió hacia nosotros, exigiendo su cuota de cariño. Entonces recordé que en mi bolsito habían unas galletas. Las saqué y les repartí a todos los peludos amigos del paradero. Era enternecedor verlos mover sus colas de lado a lado y mirarme con una expresión de gratitud real.
En eso estábamos todos juntos, los perrunis y yo esperando a que llegara la desgraciada micro, cuando de pronto un hombre de muy mala "pinta" comenzó a acercarse. No era que llevaba una mala combinación de ropa ni mucho menos, era un ebrio de aquellos odiosos, los cuales dejan entre ver en su mirada sucia intenciones no muy buenas precisamente. Aquellos que simplemente dejan una estela de mal presentimiento en el aire. Venía balbuceando cosas,yo me quedé mirando el suelo, viéndolo a ratos de reojo. El tipo tenía firmes intenciones de ir a mi encuentro, pero cuando se encontraba relativamente cerca del paradero 5 caninos reaccionaron en mi defensa. Casi como una barrera se acercaron al tipo corriendo y ladrando. A paso que daba más fuerte ladraban. Uno que otro se acercaba intentando morderle el pantalón y finalmente el tipo entendió que mis 5 guardaespaldas caninos no dejarían que se acercara a mi. Intentó un rato pasar entre ellos, pero cada vez aumentaban más lo rabiosos. El tipo finalmente desistió y al darse media vuelta se marchó. Quien sabe a que mierda se dirigía, si tal vez quería solo pasar, u otra cosa. La verdad yo les tuve que agradecer con una sonrisa y la misma gratitud que unos minutos antes ellos me demostraron a mi. Los acaricié a todos, a cada uno. Me sentí feliz, y protegida. Fue entonces cuando un chofer, de otra micro que estaba fuera de recorrido me ofreció llevarme a otro paradero donde había una caseta de la paz ciudadana cerca, para así estar más segura. Me despedí de mis compañeros peludos y tomé la micro.
Lo demás es un poco deducible, el chofer me dejó en el otro paradero, esperé un buen rato más la maldita 109, llegué a mi casa sana y salva y hoy me encuentro escribiendo esto, luego de ver aquel vídeo que me recordó aquella agradable noche.
Ahora cada vez que paso por estación central a esperar la 109, miro a esos perros, a veces están allí mismo, otras no. Pero siempre que puedo les regalo unas caricias que la gente indiferente y egoísta no da.
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