domingo, 27 de marzo de 2011

Cuatro!


Y el tiempo corre. A veces vuela, otras navega.
El tiempo sigue corriendo, como si tuviese que ganarle a la vida en una carrera esencial.
Y ya han pasado 4 meses desde aquella noche.
Que tanta ventaja lleva el tiempo a la vida?
O es acaso que la vida va ganando?

No cuento ni los segundos, ni los minutos, ni días, ni meses.
Tan solo te tomo de la mano y te llevo a caminar sobre una linea de tiempo interminable.
Si, suena a bastante. 4 meses.
A veces, en solo unos minutos, eres capaz de sentir varias cosas.
En un día, el triple de esos minutos.
Imaginate entonces, en 4 meses.

He perdido la cabeza en varias ocasiones tratando de encontrar las palabras exactas para definir qué es lo que siento.
Es una mezcla homogénea de sentimientos.
Y ya algunas palabras se desvirtúan de tanto renombrarlas.

Vamos a vivir a otro planeta, e inventamos nuevas palabras.
Vamos?
Lo cierto, es que la sensación de felicidad, llámesele como se le llame aqui, o en otro mundo... se siente de la misma manera.

Hey, te cuento que...
camino a veces por el cemento, otras por el pasto.
Voy en una micro, en un asiento no muy cómodo
El viento desordena mi cabello
Un perro me ladra desde una reja
y respiro también.
Vivo.

Y mientras camino, pienso en ti.
En la micro, pienso en ti.
Cuando el asiento se vuelve aún más incomodo, con un extraño a mi lado, pienso en ti.
Mientras mi cabello se revuelve con el viento, pienso en tus manos enredándolo.
Y respiro, vivo... y mientras vivo, pienso mucho en tí.

Porque estoy enamorada de un muchacho.
No no.
De un muchachín.
Porque estoy enamorada de un hombre excepcional.
Porque me siento feliz con mi medio limón.
Porque aprendí a dejar los miedos detrás.
Porque aprendí el significado de una mano agarrando otra con fuerza
Porque aprendí a sentir las miradas.
Porque aprendí a escuchar tu corazón como una melodía.

Más simple corazón.
de limón, de limón..
más simple.
PORQUE TE AMO !
Gracias por ser parte de esta bella relación.

Tu pequeña.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Algo que decir... dicho.

Una noche en que el clima nos mintió.
Una noche que en realidad, la mentira del clima, no importó.
Apaga la pantalla!
Oscuridad
Sentía tu piel con la mía, tu respiración y tu encantadora voz.
Y eras una de las sombras que reposaban sobre la cama.

Nada ni nadie nos podía tocar. En ningún sentido y dimensión.
Momento atemporal.
Seguridad de sentir que solo deseas algo bueno, pulcro, sincero.
Temor de algo bello, de algo puro y hermoso.
Un par de idiotas que callan.
Un par de idiotas que se abrazaban en medio de la oscuridad.
Un par de idiotas que sonreían sin verse siquiera los dientes.

y un silencio, de esos que pocas veces se dan en la vida.
"Un silencio de esos, que no son incómodos" De esos que valen la pena...

Entonces y finalmente ella le preguntó - ¿has sentido alguna vez miedo a algo hermoso?
- Sí... lo he sentido. ¿Y tú? - Respondió.
- Sí, también lo he sentido, pero... se me pasó.
-........
-........
(un poco más de silencio cómodo. )
- ¿Puedo decirte algo?
- Dime.- Respondió atento él.
- Te amo.

Fue como sentir la forma y esencia, olor y sabor de cada una de las letras que conformaba el dúo de palabras.

Hubo otro lapsus de silencio, de esos cómodos. Aproximadamente de 2 segundos. Seguido un abrazo interminable. Los cuerpos, para variar... molestaban. Sentía en mi garganta un llanto mudo, pero de felicidad justo en el momento que oí...

- Yo también.

Aún no me logro explicar como es que suceden estas cosas, aún no logro comprender como es que funcionan los sentimientos. O siquiera si tienen alguna manera de funcionar.
Pero no me importa en lo más mínimo. No me interesa comprender nada de lo que a nosotros respecta.
Simplemente corazón, como te lo dije... a veces no siento el tiempo. Es como si no avanzara, tampoco como que retrocediera, ni mucho menos que se detuviera. Es más bien como que no existiera.

Hoy me siento feliz, Hoy puedo decir que existe alguien que me hace feliz.
Y ese alguien, eres tú.
Te amo... sí... TE AMO!

Prometo cumplir mi promesa, a como de lugar.

viernes, 11 de marzo de 2011

Algo que decir...


En uno de esos momentos mágicos tan innecesariamente invadibles por la mente, ella se dio cuenta de pronto que estaba a punto de estallar en palabras.
Ahí quedó completamente estupefacta.Con la mirada perdida en los ojos de su amante. Justo después de un beso que acababa de pasar, y que comenzaba a terminar con una caricia por la orilla de su rostro.
Su corazón comenzaba a molestarse con ella, pues no le dejaba latir de la manera que quería. Como dueña sobre protectora, se ponía en la difícil situación de que el corazón se lastimase. Tal como se lastima un deportista que no ha elongado.

Aún atónita ahí en la habitación frente a él, ella le sugirió a su cuerpo detenerse. A sus ideas descansar un momento, y las palabras que asechaban con salir, las escondió de manera casi perfecta.

Pasaron unos minutos, y el impulso, el arrebato, desistió.
Ya luego de un rato aún más largo, de lo que pareció haber sido eterno en aquella disyuntiva de decirlo, o no... ella se encontraba sentada en el penúltimo asiento de la micro al lado izquierdo. Se encontraba sola, y rodeada de muchos auto reproches.

Miraba por la ventana, con la música sonando fuerte en los audífonos, mas ella no escuchaba nada. Ella solo recordaba el inerte momento, y pensaba.
Iba sumergida de la manera más caótica y trastornada posible en sus pensamientos, en el juicio que ejercía sobre su NO acto NO llevado a cabo aquella tarde.

La rabia recorrió de pronto su cuerpo completo, se movió de manera serpenteante en un escalofrío.
Actuar con cobardía, era algo de lo que siempre se arrepentía esta pequeña muchacha tan poco sencilla.
Se cuestionaba entonces, la magnitud de su problema, de su trauma. Se lo cuestionaba y a la vez lo odiaba cada segundo más.

Fue entonces que después de muchas horas de meditar, y re meditar la situación de manera lógica y también ilógica, esta pequeña muchacha tan poco sencilla decidió que la próxima vez que le viera, y encontrara de nuevo ese preciso momento en que sus almas parecían abrazarse, se lo diría.

Nada más, ni nada menos. Es así de simple, así de fácil, se repetía ella una y otra vez.
Arriesgado, pero excitante y adrenalínico, pensaba de pronto y más se convencía de hacerlo.

Porque cuando hay algo que decir, simplemente, y con mayor razón si es que proviene del corazón... HAY QUE DECIRLO.

Fuera temores, fuera traumas y rencores.

sábado, 5 de marzo de 2011

Anytime and Anywhere...


Ambos caminaban lento, el agotamiento de la semana comenzaba a posarse sobre sus hombros. Caminaban lento y tomados de la mano de la manera tan peculiar que tan solo ellos conocían. Palma con palma, completamente reposada la una en la otra, con una ligera fuerza que hacía mantenerse el calor entre ellas ya casi sin espacio.

Era de noche y las calles brillaban por la lluvia que había dejado de caer unas horas atrás, ambos caminaban lento y devastados, bien arreglados. Ella usaba poco maquillaje, un poco de sombra sobre los párpados, como si fuesen ojeras en el espejo, y un poco de rimel en las pestañas. Un par de aros colgantes en forma de música colgaban de sus orejas y un suave perfume parecía escapar de su cuello.
Él nunca usaba accesorios, parecía lucir mejor una barba recientemente rasurada que algo sobre la solapa. Un viril aroma asechaba su caminar lento y tranquilo.

De vez en cuando se miraban y sonreían silenciosamente, se dedicaban palabras con la mirada, iban decididos a pasarlo bien, ambos le prometieron a la noche que no importaba cuando, ni el lugar específico, sabían arreglárselas por ellos mismos.

Al voltear en una esquina con adoquines escucharon de pronto la melodía estrepitosa y elegante que emitía el interior de un bar.
-Vamos- Dijo él completamente decidido tirando de manera sutil y grácil del brazo en compañía. Se encontraron de pronto ingresando en las fauces de una noche especial.

El humo se mezclaba de manera perfecta con la luz tenue del lugar, creando a momentos siluetas despampanantes. Ninguno de los dos fumaba, sin embargo esa noche ni el humo, ni nada los molestaba.
Una banda tocaba una especie de rock con vestigios de blues, y modernismos elocuentes. Una banda integrada por músicos que no tenían ojos.

El lugar se sentía lleno, sin embargo no había nadie que pudiese estar vigilándoles. Los asientos estaban vacíos, esperando por sus dueños momentáneos que se acercaban a la barra del bar. La pista de baile no era más que todo el lugar a sus anchas completamente desolado, repleto de melodías y almas bohemias.

Ella se sentó en el tercer asiento de derecha a izquierda. En el tercer asiento, justo al lado de nadie en el cuarto y mirando hacia la barra.
Pensaba bastante desconcentrada qué pediría al invisible barman, mientras que él observaba como las curvas de su cabello caían suaves sobre sus hombros al descubierto.
Ella lo presentía, él de a poco se animaba.
El cuello perfumado de ella era atacado de pronto por un par de labios encantadores que irrumpían con la fuga aromática, y le estremecían.
Ella cerró sus ojos y disfrutó del momento, mientras él con sus manos le agarraban fuerte por la cintura.
Quedaron frente a frente, lejanos en cercanía y entrelazando sus cómplices miradas. Ella ennudó sus brazos al cuello de su compañero y arrastró aquellos labios a los suyos, mientras el humo danzaba en círculos cerca de sus narices, delatando la respiración ya agitada que desató aquel beso lento.
El palpitar de ambos corazones parecían sincronizarse con el ritmo de la música al fondo.
Y en medio del sonido, de aquel solo de guitarra, dos cuerpos desnudos se acariciaban justo en el centro en apasionante batalla.
Nadie los vio llegar, ni seducirse.
Nadie los vio besarse, ni apasionarse.
El humo del lugar seguía difuminando todo el espacio, la música se mantenía en vivo ciega, íntima y sonando...
y ellos salían del lugar sonriendo y tomados de la mano, de la manera tan peculiar que tan solo ellos conocían.