lunes, 24 de enero de 2011

Que agradable.

Que agradable se torna la tarde cuando sé que voy en una micro llena de gente camino a tu encuentro.
Que agradable se torna la noche de un domingo cuando las calles de Ñuñoa se rinden a nuestros pies dejándonos transitar de la mano por horas.
Que agradable se torna el silencio en la noche de un domingo que permite escuchar el crujir estrepitoso de una hoja seca que es pisada por uno de nosotros.
Que agradable se torna la madrugada cuando el calor de nuestros cuerpos hace que se fundan en uno solo.
Que agradable se torna cualquiera sea el momento en que una sábana de intimidad rodea nuestros cuerpos.
Que agradable se torna abrir los ojos aún pequeños y cargados de sueño para encontrarme a tu lado.
Que agradable se torna comer con plato en la mano a la deriva de la cama mientras vemos y analizamos una loca película juntos.
Que agradable se torna la cercanía cuando me deja verte sonreír tan próximo a mis labios.
Que agradable se torna el agua fría de la ducha escurriendo por nuestros cuerpos enmarañados.
Pero lo que sin duda es agradable, es cuando la vida misma pierde sustancia, masa volumen y peso para transformarse en felicidad, en caricias, en un exceso o sobredosis de cariño que nació una tarde y encontró fin a la tarde siguiente.

Deseábamos estas casi 24 horas juntos corazón. Las deseábamos y se cumplieron. Lo importante ahora, es seguir manteniendo esta especie deseos juntos, deseos que al igual que este se cumplan en plenitud.

Te quiero mucho mi medio limón!

sábado, 22 de enero de 2011

La vida.


La vida suele ser tan simple... o tan complicada.
La vida se resume en un pestañeo, la vida comienza en la caída de una hoja seca en la copa del árbol más alto, y concluye con el crujir de esta misma en un suelo insípido.
La vida suele ser tan simple, como llenar los pulmones de aire puro sobre una montaña en una inhalación interminable.
La vida es tan complicada como la anatomía de un célula.
La vida trasciende en aquel espléndido sonido de la lluvia colisionando contra el techo de una casa. En ese ritmo impulsivo e imperfecto que las nubes crean al llorar.

He comenzado, a entender que mi vida suele ser muy simple. Entiendo lo simple que es darme cuenta que es a la vez tan complicada como me la puedo imaginar.
Con un poco de tiempo, de tranquilidad, de pensar. Me he dado cuenta que soy yo quien galopa de manera salvaje sobre un campo de destino formado, y no la vida sobre mi.

miércoles, 12 de enero de 2011

Love of Lesbian - Allí donde solíamos gritar



Que vídeo más adorable.

Al borde del colapso.


Hoy miércoles 12 de enero del 2011, a las 0:53 minutos, cuando recién empieza el día, y es de noche... escribo con un solo propósito. Escribo porque he dejado atrás el martes.
PERO QUÉ MARTES.

Hoy, la verdad es que puedo llorar de felicidad, como dice un querido amigo por ahí en un cortometraje.

Descubrí que en un día puedes pasar por todos los estados anímicos que logres imaginar.

Que horrible, de haber estado feliz y tranquila, bastó con un abrir y cerrar de ojos, bastó con un par de palabras, para que todo el mundo comenzara a derretirse frente a mis ojos. Comencé a sentirme ahogada, preocupada. Nervios, los nervios se apoderaban de mi, cual colonización de cuerpo. Me sentí sola, y sin producción de pensamientos, no reaccionaba, solo tiritaba.

Afortunadamente, tengo amigos únicos. Afortunadamente, devolviste mi desesperado llamado. Viajaba en una micro al encuentro de algo que lograra centrar mi cabeza, viajaba en una micro que de llena, pasó a ser nada. La música en mis oídos sonaba a todo volumen, y no era capaz de escucharla. De pronto las personas desaparecieron, el chofer no existía ni la micro tampoco. Me encontraba en un momento desagradablemente íntimo con el vidrio de la micro. Y mi mente, que solo daba vueltas y vueltas en un circulo sin final.

Llegué, un abrazo me contuvo y me hizo caer en la cuenta de que aún estaba en el planeta tierra, con vida, y con un gran problema que resolver. Gracias Héctor Fernández por la caminata más larga de mi vida. La necesitaba. Eres un gran amigo.

La verdad es que ni siquiera me esforcé por esquivar el golpe que me propinó la vida. Lo acertó de tal manera, que sola advertí lo que me quería decir. Ahora al menos puedo respirar, solo luego de haber estado al borde del colapso.
Luego de haberme sentido un insecto, una cucaracha maldita, indefensa y vulnerable como ella sola puede estarlo, como una cucaracha maldita que paseaba por las calles preocupada, no de avanzar, sino de los pies que posiblemente podían aplastarla.

El día de ayer aprendí una millonada de cosas. La vida me miró fijamente a los ojos, y me agarró de los hombros para darme un remesón bastante fuerte. Tomó delicadamente una tonelada, o dos (o quizá más) de preocupación y la puso sobre mi.

Fue como estar al borde de un acantilado en puntas de pie. Definitivamente sentí lo que es estar al borde del colapso. Mis nervios vibraban de una manera poco agraciada y confortadora. Me crucé caminando extraviada y sin darme cuenta, con uno de mis más grandes temores en la vida. Me acerqué tanto que fui capaz de escuchar su voz burlona regañándome con malicia.

De momento puedo dar un respiro hondo. De momento puedo asegurar que he vivido los 3 minutos más largos de mi vida. De momento las manos aún me vibran descontroladamente, pero al menos ya no sudan. De momento el estómago está más relajado que hace unas horas. De momento sé que las cosas se han vuelto delicadas. De momento pensaré en mi coartada.

He comenzado a sentir como los nervios comienzan a morderme, y me gritan, me culpan de lo que me están haciendo. El cerebro ha intentado apaciguarlos, pero sé que unas horas más tarde, cuando despierte de algún (espero) reconfortante sueño, atacarán como nunca. Comienzo a sentir un dolor de brazos y de piernas, comienzo a sentir un dolor que se acopla a la parte de atrás de mi cerebro, y una fatiga horrenda en mi estómago.

Sin embargo, no me puedo quejar. Es lo mínimo que quizá podría sentir alguien, que logró estar al borde del colapso.

Definitivamente, quiero escapar de santiago. De alguna maldita, regañadora y odiosa manera, se ha juntado esta asquerosa situación, con un viaje a Curicó, que termina en destino a Vilches, a una casa en la montaña. Tal vez, como muchas personas dicen, “las cosas pasan por algo” y si este viaje significa mi algo, lo tomaré a consciencia. Lo tomaré sin dudas ni mañoseos, tan solo iré a olvidarme por un rato de los problemas. No de lo sucedido, las lecciones no se olvidan. Pero sí a desaparecer un rato de esta ciudad, de este pequeño planeta intoxicado. A disfrutar unos días de la calma, para volver al exterminio de calma que se lleva a cabo acá en la ciudad.

Una vez más gracias amigo Títin, y Gracias a ambos… a mi medio limón por siempre estar ahí, por esa mano que sin saberlo necesitaba mientras recorriamos el camino eterno aquel.

No volveré a pasar por esto, no quiero que suceda, y no dejaré que suceda. He prometido todo lo prometible a cierto personaje ya nombrado, pero esta vez se trata de cumplir conmigo misma, y contigo corazón cítrico. No quiero volver a fallarnos, no quiero sentirme NUNCA MÁS, al borde del colapso.

Se trata de una promesa hecha por mi, para mí. Una promesa que indiscutiblemente voy a cumplir.

// Los quiero mucho muchachos, en demasía.

lunes, 10 de enero de 2011

Ellos =)


Entre marzo y abril del 2009 lo conocí, con 2 meses de vida y una carita completamente adorable. El más perezoso, peludo y grande de todos. El que tenía una pequeña mancha blanca en su pecho que ya casi ha desaparecido. Desde que lo vi entre todos ellos, supe que sería para mi, y yo para él. Simplemente, un ser especial.

Contigo, cambian algunas cosas. No todas, pero si algunas. Te conocí entre marzo y abril, pero del 2010. Fuiste mi compañero, en uno de los ramos que más aborrecía. No resaltaste de gran manera entre todos como él. No me parecías ni el más perezoso, ni el más peludo, ni el más grande de todos. Tampoco tenías una pequeña mancha en tu pecho, que llamara mi atención. Pero aún así me encantaste con tus ojos, con tu voz, con tu encantadora forma de ser. Aún así fuiste (y eres) especial. Y al igual que con él, algo dentro de mi, me indicaba que serías para mi, y yo para ti.

A medida que pasó el tiempo, lo vi crecer. Mes a mes. Vi como poco a poco, se convertía en la hermosa bestia negra y peluda que es hoy. Comenzaste a ser mi fiel compañero, aquel que salía conmigo a todos lados. Mi mejor amigo, y mi preciado hijo.

A medida que pasó el tiempo, luego de unos extraños y quizá no muy agradables acontecimientos. Vi como este inmenso cariño, se convertía en una preciosa amistad a pesar de todo, como la pequeña maleza que crece de entre el pavimento. Una amistad llena de consejos, de abrazos, de risas, de penas, de pactos. Vi como de una manera casi accidental, y completamente sorpresiva se convirtió en esto tan exquisito que tenemos hoy. Has sido mi fiel compañero en muchas hazañas estúpidas, y nos quedan muchas por vivir. Quiero que seas aquel que sale conmigo a todos lados, que sigas siendo siempre ese mejor amigo, y también mi alma gemela que vive y disfruta a concho esta relaciónNorelación. Mi mano estará siempre abierta esperando por la tuya, para ir en busca de cosas nuevas juntos.

Me convertí en su madre, lo he criado, querido, amado, mimado y cuidado. Y lo seguiré haciendo por siempre.

Me convertí en tu medio limón, no te he criado, pero prometo seguir queriendo, amando, mimando y cuidando esta exquisita sensación que hoy invade nuestras vidas.

De pronto, caí en la cuenta de lo perfecta que era la situación. Si bien nunca lo busqué, ni lo pensé antes… el verte allí con él, con mi pequeño, ver como movía frenéticamente su colita cuando le hablabas, ver como flojeaban juntos esparcidos sobre mi cama, ver como eras capaz de entregarle cariño tan de cerca, tal cual lo hago yo, me hizo considerar por completo la situación.

Si bien tiene una madre que se preocupa y preocupará siempre de él, y pensaba que con eso bastaba… en aquel momento me cuestioné ¿Por qué no otorgarle un padre? Pero claro, no podía ser cualquier ser viviente, este padre debía cumplir una serie de requisitos bastante exquisitos. Tenía que ser tierno, tenía que entregar felicidad con su mirada, debía tener una voz encantadora, y tierna autoridad, ser responsable, y por sobre todo la capacidad de abrazarlo y besarlo sin pudor animalístico alguno.

Lo impresionante de todo esto, es que nunca fui yo quien armó la serie de requisitos, estos surgieron a partir de ti, las fui leyendo a través de tus actos, y decidí proponerte la idea.

Con una preciosa mirada y una sonrisa escandalosamente acogedora…aceptaste el reto, el desafío de ser padre de la criatura más adorable y peluda del planeta tierra, y claro..te lo agradezco.

Simplemente mi querido muchachón, así como supe que mi cachorro, sería MI cachorro (valga la redundancia), es como supe que debías ser ese padre que durante todo este período de vida, había estado ausente.

Simplemente porque eres especial. Un amigo y un amante excepcional, porque Travis te quiere, y porque me entregas la confianza suficiente, la certeza de que serás capaz de quererlo siempre, sin importar lo que suceda.


Ellos, son ellos mi par de muchachines lindos, un tanto estúpidos como todos, tiernos y adorables a la vez.

Ellos, son ellos la felicidad que me invade hoy.

¡Los adoro par de bestias salvajes!

Cariños, un besito y un abrazo para mi cachorro, nuestro Travis Felipe Sáez Brito.

Un beso slow, junto con un masaje y un abrazo de aquellos… solo para ti, mi citricuela chupa jugo de limón.


(Son un par de weones lindos, AMO LAS FOTOS)

sábado, 8 de enero de 2011

Agh!


Bien, excelente, MA-RA-VI-LLO-SO.
Mi idea era escribir algo hoy en base a una foto específica. Pero debido a que nunca pasé la foto de mi cámara al notebook la perdí por completo, ya que vacié la tarjeta de memoria, para sacar fotos en año nuevo.
Me acabo de ofuscar, y la inspiración se ha evaporado y esparcido en un millón de moléculas microscópicas en el aire.

MORALEJA, si sacas una buena foto... lo primero que debes hacer al llegar a tu hogar, es guardar una copia si no quieres luego mañosiar con el mundo por la idiotez humana que ha salido a flor de piel. (Atención cursos de fotografía, incluyan esa moraleja, como una de las reglas primarias)

Estúpida tecnología, debió haber sido análoga...A-NÁ-LO-GA !
y más estúpida yo, que no la aseguré.

Agh! Que rabia.

jueves, 6 de enero de 2011

Paseo.


Alguna vez has sentido ese malestar que se acomoda y acurruca dentro tuyo sin razón alguna?
Como si de pronto alguien con un saco de arena, vertiera un buen poco dentro de tu cabeza, y pesara, molestara...se moviera de un lado a otro.
Como una especie de rota virus espiritual.

¿Qué hacer en aquellas situaciones?
Es 2 de Enero del 2011. Tal vez debería tener algún sentimiento, un residuo de las fiestas. Pero no, hoy me siento distinta, más extraña que de costumbre. Como si todo me irritara, como si estuvieran aguijoneando algo dentro de mi, y pinchara, pinchara una y otra vez.

Por otro lado, es el cumpleaños de mi cachorro. No es justo que su madre humana estuviera con cara de pescado sentada en la mesa del living frente a su notebook escuchando música esperando que se le pasara la arena de la cabeza a los pies. Aparte, la fuerza de gravedad no estaba de mi lado, la arena molestosa no se iba.

Fue entonces que decidí tomar cartas en el asunto. Me paré de la silla, alargué mi brazo hacia el costado del sillón, donde reposaba la correa de mi cachorro cumpleañero. Y al instante en que el broche sonó en el aire, su cola comenzó a moverse frenéticamente de un lado a otro. Sus ojitos se iluminaron y sus alaridos felices hicieron que más decidida me sintiera de salir a caminar un rato por las calles de mi barrio.

Tomé mi fiel compartimiento de música, coloqué los audífonos en sus respectivos lugares, miré a Travis y con un “Vamos cachorro” comenzamos nuestro viaje.

Era una tarde para variar muy ventiscosa acá en Cerrillos. De vez en cuando mi cabello me abofeteaba, como queriendo decir… ¿Se te pasó la idiotez?
Otras, Travis tiraba de su correa, exaltado, excitado por los demás perros que suicidamente se acercaban a gruñirle. Creo que si no fuera una bestia de 46 kilos, lo dejaría suelto, pero lamentablemente ante la provocación de especies con menor tamaño (Que son casi todos los demás perros) su instinto caníbal sale a tomar el sol.

Pasamos a ritmo lento por las pequeñas placitas situadas a un lado de la caletera de Américo Vespucio. Había poca gente en las calles, y de vez en cuando Travis recibía algún elogio.

Al llegar a Vespucio con Avenida Las Torres, algo me sorprendió de sobremanera. Como si de pronto con la delicadeza que la tinta de una pluma de escribir, mancha el papel, alguien hubiese sacado la mitad de arena que llenaba el pesado saco dentro de mi cabeza.

Mientras Travis en un acto inmoral y despreocupado, orinaba unas plantas de al rededor. Mis ojos completamente embobados recorrían el espacio verde entre las calles, de un lado a otro.
Lo recorrían siguiendo un vuelo sutil, un vuelo enigmático, fantásticamente mágico de un par de golondrinas que jugueteaban a ras de suelo.
Tan grácil era su vuelo, que parecían una hoja de papel al viento, pero a velocidades mayores.
Ellas tan ágiles, veloces y fugaces. Tan pequeñas y recónditas en nuestra ciudad. Con ese color azuloso marino, tan peculiar, y el triangulo de espacio que se forma entre las últimas plumas de la cola, siempre tan singular.

Hacían parecer que no había calles, que no existían las personas, ni los edificios, hacían parecer al pasto un mar inmenso color turquesa, y se burlaban de nuestra torpeza pasando alrededor nuestro, a un centímetro del suelo.

Me tenían embobada, con los ojos emborrachados y la mente en otro lado. Hasta que un anciano que cerca regaba el pasto, posó sus ojos en nosotros dos. Me desconcentró de aquella fantasía, y Travis comenzaba a impacientarse por seguir el camino en búsqueda de tranquilidad.

Seguimos caminando por senderos de gravilla húmeda. Pisando pequeños espejos efímeros acuáticos creados por las regaderas que el jardinero muy temprano se preocupó de colocar sobre aquellos pisos alfombrados con pasto. Era una especie de regadío mágico, como dijo por ahí la mitad de un limón preciado. Como si el agua saliera de ensueño por la presión ejercida, y creara un rocío agradable que danzaba con el viento.

Un poco más allá Travis logró sentirse más alto de lo que en su mundo perruno es. Una rama decaía casi hasta llegar al suelo, y esto pareció impresionarle un poco. Se detuvo pasmado ante la grandeza de poder tocar con su nariz húmeda la rama de un árbol. Quizá pensó en ser el primer canino en tocar con su narizota las ramas de un árbol, sin tener la necesidad de saltar o intentar volar en cuatro patas. O tal vez, tan solo tenia un buen olor que yo no logré percibir. Fueron solo unos segundos, y retomamos nuestra impasible caminata.

De pronto ante mis ojos cansados que miraban el suelo queriendo atravesarlo, se posicionó un camino de huellas plumíferas. Sobre la gravilla seca, quedaba la evidencia de una despreocupada paloma, que en algún momento del día se paseaba parsimoniosamente en busca de alguna migaja que comer.

Me pareció algo tan bello, tan minúsculamente agraciado que una sonrisa escapó de lo más insondable de mi ser espiritual.

De vez en cuando, Travis se volteaba a mirarme, como asegurándose de que quien llevaba en sus manos la correa que a su cuello llevaba atada, fuera yo. O tal vez miraba mi rostro, para ver que cambios había experimentado, o tal vez solo miraba esperando que estuviera suelta la correa. Pero no lo sé, era bastante agradable y armonioso ver como a la vez que lográbamos cruzar una mirada, su cola comenzaba a moverse de un lado a otro, y una caricia en su cabecita esperaba ser regalada.

Comenzábamos a llegar al final de nuestro viaje, el suelo alfombrado de verde se precipitaba a terminar. Y el asfalto grisáceo aparecía imponente ante nuestros ojos. La música que sonaba calma en mis oídos, me recordó el motivo de nuestra salida.

¿Arena? No recordaba de donde había salido, ni en que momento se había vaciado por completo el saco. Tan solo me sentía liviana, etérea, tal vez vaporosa, y en parte menudita.

¿Vámonos a la casa cachorro?

Su cara como siempre iluminada de una esencia tan tierna, me convenció a poner pies en polvorosa y correr un tramo a través de los árboles y arbustos del lugar. Corríamos velozmente, y en su adorable carita, parecía haber una sonrisa de aquellas que emiten los niños, como queriendo decir… ¡¡¡¡Vamos, vamos… a ver quien llega primero!!!

Reí de improviso, una carcajada escapó ágil de mis adentros. Y algunas personas nos miraban atentas. Yo tan solo las ví de reojo. De pronto solo existíamos Travis, yo y una alegría que se acurrucaba en mi pecho, una alegría inexplicable… de esas que tan solo un paseo por el parque con tu cachorro puede brindarte.

Ya no hay más arena, no queda nada pesado dentro de mi cabeza. Volvimos corriendo a la casa, y nada nos importaba. Cuando llegamos todo estaba como antes, pero nosotros habíamos experimentado una de las mejores tardes.

De vez en cuando, hace bien salir a pasear.