viernes, 27 de mayo de 2011

6 meses corazón de limón.


El tiempo ha pasado insaciable. Infalible, inquebrantable. Y con el he aprendido soberanamente un montón de cosas nuevas para mi vida. He aprendido a sentir nuevamente sin mesura. A quererte sin querer dejar de hacerlo. A compartir tanto mis alegrías como mis penas contigo. A obsesionarme con tu aroma sutilmente. A mirarte a los ojos y escuchar tus palabras mudas. A tomarte de la mano y sentir que el mundo gira mas lento entre ellas. A besarte de una manera viciosa. A abrazarte y recordar siempre nuestra frase célebre de que los cuerpos molestan. He aprendido a espantar los buitres que se disfrazan de miedo, entre nosotros no tendrán nunca carroña que comer. y sobre todo en estos ya 6 meses de cuasi convivencia, he aprendido a amarte infinitamente.

No dejo que sean palabras menores las recién escritas en el párrafo anterior, es que te amo infinitamente, así tal cual denota el significado del infinito. Te amo sin ninguna frontera, sin ningún límite a la vista. Te amo sin un fondo que pisar, sin un cielo al cual llegar. Te amo en un blanco interminable connotativo del infinito. Y es que como bien te lo he dicho, y como bien me lo has dicho a mí. Como bien nos hemos recordado siempre el uno al otro, eres mi alianza en este mundo inverosímil, mi alianza en este planeta amorfo donde no encajamos. Eres mi alianza en la amistad, en el cotidiano, en lo especial, en los enojos, en las tristezas, en las alegrías, eres mi alianza en el amor, en la vida.

Pienso en las vulgaridades de la vida, en la problemática de un estrés cotidiano, y en lo precioso que es poder sentir tu calor en un frío día de invierno, y de pronto todo aquello que presiona mi cerebro desaparece.
Me siento única dentro de incontables sobrevivientes humanos, única y afortunada de poder compartir todo este amor preciado con alguien.
Recuerda, para mi siempre fuiste un ser adorable, y evoco nuevamente al significado que las personas han creado para ciertas palabras. Adorable porque generas en mi las ganas más ansiosas de poder quererte y emborracharte de un etílico amor incontenible.

No se si sentir que es mucho el tiempo juntos. Más que mal 6 meses es la mitad de un año acorde a como el humano ha distribuido su tiempo. Siento en paralelo corriendo en la misma dirección que 6 meses es la milésima parte, en dimensiones de una hormiga frente al mar, de lo que me queda por vivir contigo. Y a quién le hago caso?
No se si discernir entre sentires sea lo correcto, así que opto por desmenuzar el tiempo en un TE AMO sencillo. En un te amo tan complicado como lo es satisfacer a una comisión de profesores frente a una historia de amor. Un te amo tan surrealista que se derrite ante un tic tac inexistente. Un te amo tan exacto como lo son las odiosas matemáticas, un te amo tan ilógico como decir que 1+1 son 1. Así mismo como tiene lógica y razón de ser, que tu y yo en sumatoria seamos solo 1. Solo un limón recargado de un cítrico sabor que aliña nuestras vidas.

Te amo mi preciado compañero. (Aludiendo ya abundantemente al significado de esta última palabra.)

Te amo con la vida. Aunque sin querer casarme, es que blasfemaría si pronunciase la palabra acepto, y hasta que la muerte nos separe. Olvídalo, no podría ser capaz estando muerta de dejarte. Vendría como un fantasma de igual forma, solo a violarte!

Gracias por estos 6 meses tan engreidamente maravillosos. Y como primer favor del comienzo de la mitad de un año, recuerda siempre sonreír, que es lo que me enamora día a día de ti.

Te amo en demasía Antonio Andrés Sáez Alcayde, con más locura y frenesí.

domingo, 1 de mayo de 2011

Una tarde de domingo...


Pensaba en una tarde de domingo, a eso de las 15:48 lo ínfimo de mi existir. Lo diminuta y microscópica que soy realmente.
Pensaba una tarde de domingo, cuando el sol golpeaba suavemente mi piel como un retazo de seda cayendo sobre un mástil de mármol, lo frágil que es la vida. Como se pierde en un segundo, como de pronto en un proceso celuloide se crea en otro. Y caía en la cuenta de lo poco importante que puedo llegar a ser. Al igual que todos.
Pensaba una tarde de domingo, mientras un heladero se subía a la micro promocionando sus productos a viva voz, lo fácil de las cosas, lo fácil que es realmente socializar con el sujeto de al lado, y lo difícil que se torna llevarlo a cabo.

Pensaba un tanto ofuscada en lo horrendo que es una mirada de desprecio, una mirada fundida en hierro, firme y escudera. Una máscara de odio sin sentido, disfrazada de sutileza.

Pensaba en lo agradable que sería de vez en cuando recibir un abrazo sincero proveniente de un extraño, sin un por qué de por medio, ni palabras de intermedio. Lo fácil que puede llegar a darse, y lo difícil que sería obtenerlo, o darlo. Un abrazo simple y sin razón, solo por compartir energía, un abrazo desconocido y no correspondido, sin sentido y no meditado. Un abrazo extraño y desmedido.

Pensaba que pensaría cada persona en el mismo instante, y en cuantas estarían pensando lo mismo que yo, y preguntándoselo a la vez. Pensaba en lo fácil de existir la situación y en lo difícil que sería saberlo.

Pensaba bastante irritada al bajarme de la micro una tarde de domingo, en que lo más probable, es que cada persona sepa sentir por alguien, sentimientos fuertes, con raíces, de esos entrañables, y de como las personas son capaces de hablar de aquello, si son capaces de arrollar una vida sobre la carretera. Pensaba en paralelo, como es que sobre valoran una vida humana por sobre una animal. Que al fin y al cabo son lo mismo, que ambas comienzan de la unión de un par de células, y que ambas mueren en un latir detenido. Pensaba transversalmente, en lo estúpido del revuelo que hubiese sido, si ese cuerpo inerte fuera un niño humano. En realidad de lo estúpido que es crear diferencias entre las vidas.

A veces, en las tardes de domingo, o en las del lunes, a veces en las del martes, o en la mañana de un miercoles, o en la noche de un jueves, o quizá en la madrugada de un viernes y en la mañana-tarde de un sábado... me molesta pensar demasiadas cosas y darme cuenta que lidio con una pequeña e ínfima kony, aún más pequeña que la autora de esta entrada, que vive dentro de mi cabeza, y que al igual que yo, odia quedar sin respuestas, y que intenta siempre llevar la contra, o simplemente, a cuestionarse. Si, a veces me fastidia. Otras, como hoy en la tarde, de un domingo 1 de mayo, simplemente discuto con ella en silencio caminando por senderos vacíos donde no existe nadie al rededor, donde el chofer de la micro no está, ni los pasajeros tampoco, donde el tráfico no existe, y las voces de las personas en la calle, no se oyen.

Pensaba en una tarde de domingo, que me gustaría a veces, no pensar.