He llorado, he reido, he fantaseado, he caído en realidad, he suspirado, he gritado, he saltado, me he acostado, he sentido, he odiado y he amado con canciones que han marcado mi vida entera.
Siempre pensé que mi vida seguiría un curso musical. Y que sería feliz tocando la bateria. Resulta que no ha sucedido nada de eso. Escucho un piano de vez en cuando sonando en mi cabeza que aprieta mis pulmones y me ahoga. Destruyendo con cada nota pequeñas partes de mi cerebro y otras notas de mi corazón. Como si dedos gigantes tocaran las teclas y me hicieran daño. Y me replanteo la vida. Replanteo los cimientos que he construido. ¿Será que de verdad con la destrucción se crean cosas nuevas?
Lo peor es que me sigo asfixiando poco a poco y no sé como soltar la cuerda que me amarra. No tengo nada a mi alcance...o tal vez apagué todas las luces y mis ojos aún no se acostumbran a mirar en la oscuridad.
Desearía tener una llave de sol para iluminar un poco, pero quizás mis dedos de hilo se enredarían en ella. Supongo que algún día escalaré el pentagrama y llegaré a ser una nota más alta. O al menos eso quiero que suceda.
Estoy aburrida de tener que escuchar consejos como si fueran trombones gigantes a los que tienes que obedecer porque de lo contrario te tragan. Sé que he desperdiciado mis talentos y me está costando trabajo encontrarlos entre tanta basura acumulada por años. Mi olfato de perro ya no me sirve. Me hace vomitar. Y la acidez de todo esto me quema y me irrita por dentro.
Solo quiero que pase rápido. Encontrar la partitura adecuada y tocar mi canción.
