martes, 6 de marzo de 2012

Extinción humana, llega luego por favor.

Estoy triste, deprimida y enojada. No he podido dejar de llorar desde hace un rato...



De vuelta hacia mi casa desde un consultorio, me encontré con que una mujer no podía entrar tranquila el auto, había un perro dentro de su patio, enroscado sobre la tierra sin poder moverse. ¿Te ayudo? le ofrecí. Me acerqué a él, le hablé, lo miré... y tal cual como dice la canción "sus ojos eran como un par de agujeros, se veía en su interior. El corazón ya le latía muy lento de tanto entregar amor" Una pena enorme me envolvió cuando intenté que se moviera... lo intenté tomar, y apenas hice un poco de fuerza, chilló e intentó morderme, no de agresivo, por el dolor. Su cuerpo magullado, carcomido por la enfermedad y las garrapatas. Su cabeza gacha, su poca energía me hacían sentir que era un monstruo que lo atacaba. Así lo intenté varias veces, de manera suave y lo mismo, su dolor no dejaba que yo lo sacara de allí. Busqué un cartón que había botado por la calle... (Y es que aparte las personas son tan asquerosas, que no saben donde botar su basura) volví donde él, y la mujer me preguntó ¿No te da miedo? con mi pecho apretado, con dolor e impotencia le contesté de manera seca, ¿Miedo? Tu crees que con la poca energía que tiene podría morderme fuerte? Y si así fuera, tengo el consultorio a menos de una cuadra para ir a pincharme contra cualquier enfermedad que este pobre tenga. No me da miedo, me da pena.

Deslicé el cartón bajo el pobre perrito, era pequeño, menudito... como tantos más, uno que no merecía estar de esa manera sin tener a alguien por último que le entregara cariño. Una vez más tiraba a morder, a cada ladrido de dolor, mi alma se desgarraba, mi temple se emputecía en contra de toda la humanidad, hubiese deseado en ese momento ser un perro.

En su desesperación de no entender, por qué lo movían en vez de darle cariño, intentó moverse, se puso a duras penas en pie y caminó al menos unos 4 pasos, para lanzarse nuevamente al piso. Aún no lograba salir de donde pasaba el auto, así que seguí insistiendo con el cartón para poder tomarlo y dejarlo en otro lugar más seguro. Finalmente tuve que correrlo con el cartón solo un poco. Su cuerpo estaba casi inmóvil, y su mente perdida, solo volvía a la realidad con el dolor. La mujer me hizo pasar a su casa, para poder lavarme las manos, por mí hubiera salido a infectar a todas las personas que se me cruzaran. Pero pasé y me las lavé. Muchas gracias, me dijo ella... de nada contesté, y me fui sin agregar nada más, porque aprendí que cuando no hay nada bonito que decír, es mejor callar.

Seguí caminando a mi casa, angustiada, hastiada y con repugnancia. Me molestaban los pensamientos, todo me enloquecía, todo lo odiaba. Al llegar a la esquina, no aguanté más, llena de impotencia comencé a llorar en silencio y desconsoladamente. Por suerte iba con mis lentes de sol, así nadie tenía pena de mi... porque no lo merezco.

Las personas son una basura, sin gracia, asquerosas, repugnantes...sin duda la especie más idiota y malvada de todas. Se enorgullecen de ser la especie más inteligente, se regodean hablando del raciocinio y muchos no saben que utilizan menos de la mitad del cerebro. Manga de imbéciles que seremos. Logramos tener raciocinio, logramos pensar, actuar tomando desiciones y somos la única maldita especie en todo el planeta que hace daño, queriendo hacerlo. Somos la única maldita especie que muchas veces, no seguimos nuestros instintos por mantener un puto protocolo de mierda que no sirve para nada, porque nadie es algo en esta sociedad. Somos torpes, sin protección física alguna, sin dudas la especie más vulnerable en su calidad nativa.

Que rabia tengo, que asco me doy. Que impotencia, que pena. Hemos inventado palabras para darle significado a lo que hacemos y lo que somos, y por eso mismo, nos declaro los soberanos reyes del patetismo. QUE ASCO ME RESULTA SER UN HUMANO.

Los perros no pertenecen a este planeta... la humanidad se tomó el mundo entero, y lo ha colonizado destrozando TODO A SU PASO. Somos una maldita y asquerosa plaga. Somos infecciosos y destructivos. No dejo de pensar en lo bien que estaría toda la naturaleza sin nosotros. Ojalá nos extingamos luego.

Lo único que busca un perro, es un poco de atención y cariño. Si tienes la oportunidad acaricia uno en la calle y verás sin necesidad de que te sonría su mirada agradecida.

Mierda para todos, mierda, mierda, mierda, y más mierda.

domingo, 4 de marzo de 2012

Zurciendo mis vidas.

Acostada sobre mi cama, escribiendo algún mensaje rápido en la red social invasora de por estos día, escuché sin previo aviso la bocina profunda del tren que pasaba cerca.
Y me di cuenta de súbito que hacía mucho tiempo ya sin escucharle. Fue entonces que me puse a pensar deliberadamente bajo los efectos de la voz inconfundible y exquisitamente sensual de Matt Bellamy, que hay un montón de cosas que hace tiempo no hago, arrimadas en un rincón de mis recuerdos.

Hace bastante tiempo que no escuchaba música a gusto bajos los efectos del tetrahidrocannabinol y la disfrutaba de manera espeluznante.
Pienso también que debería volver a hacer algunas de las cosas que ya no hago, como por ejemplo esto mismo de escribir expulsando sentires en forma de palabras. Hacerlo nuevamente con más frecuencia, y no cada tanto como lo es ahora. No esperar a tener una sobre carga de letras dentro de mi cabeza para despedirlas de mi ser.

Pienso que debería volver a tener mis momentos sagrados a la semana de relajación. Allí están aún, desde hace meses mis muchos inciensos, que antes se volvían nada en cuestión de semanas, esperando a ser consumidos por una pequeña llama. Extraño un poco esa parte del ritual, tirarme en la cama, a cortinas cerradas y dejar que la música se transforme en ese humo danzante del incienso y dejar que me levite envolviendo mi cuerpo en melodías que me hagan desaparecer del planeta por unos instantes.

Creo, que no debería haber dejado de dibujar. Espero después de escribir todo esto, sacar más a menudo los lápices y rayar con o sin gracia el papel en blanco de cualquier tipo. Llenar mis células de grafito puro.

Pienso que es momento de volver a tomar la correa de mi perro y salir a pasear juntos. Tirarnos en el pasto, correr de un lado a otro y detenernos cansados para poder acariciarlo desmesuradamente.

Quiero volver a escribir cartas, para volver a sentir la emoción de la espera a que llegue a las manos adecuadas. Para volver a sentir la alegría de que puedo emocionar a alguien a puño y letra de tinta sobre papel. Para volver a aquellos días donde todo podía expresarlo en términos extravagantes. Para volver a experimentar con la motricidad fina de mi caligrafía. Para poder dejar un recuerdo tangible.

Deseo volver a tener mi cabello rojo.

Me encantaría tomar de nuevo mis baquetas y tocar por horas y horas hasta desgastar mis muñecas y toda la energía de mi cuerpo. Poder jugar con ritmos cambiándolos de un segundo a otro. Equivocarme de pronto con el golpe de un platillo y perseverar hasta hacerlo completamente bien. GRITAR de felicidad sin ser opacada por el bombo, o la caja. Cansarme de tanto mover los pies.

Creo que es momento de reencontrar a la Kony perdida. Lanzaré una bengala para ver si logro encontrarme por partes.

*Encontraré la forma de agregar estas trivialidades a mi vida. No es que me queje de lo que hoy tengo y de lo que hoy hago. Simplemente quiero ver que sucede si intento reunir las buenas cosas del cercano pasado a mi presente.