viernes, 11 de marzo de 2011

Algo que decir...


En uno de esos momentos mágicos tan innecesariamente invadibles por la mente, ella se dio cuenta de pronto que estaba a punto de estallar en palabras.
Ahí quedó completamente estupefacta.Con la mirada perdida en los ojos de su amante. Justo después de un beso que acababa de pasar, y que comenzaba a terminar con una caricia por la orilla de su rostro.
Su corazón comenzaba a molestarse con ella, pues no le dejaba latir de la manera que quería. Como dueña sobre protectora, se ponía en la difícil situación de que el corazón se lastimase. Tal como se lastima un deportista que no ha elongado.

Aún atónita ahí en la habitación frente a él, ella le sugirió a su cuerpo detenerse. A sus ideas descansar un momento, y las palabras que asechaban con salir, las escondió de manera casi perfecta.

Pasaron unos minutos, y el impulso, el arrebato, desistió.
Ya luego de un rato aún más largo, de lo que pareció haber sido eterno en aquella disyuntiva de decirlo, o no... ella se encontraba sentada en el penúltimo asiento de la micro al lado izquierdo. Se encontraba sola, y rodeada de muchos auto reproches.

Miraba por la ventana, con la música sonando fuerte en los audífonos, mas ella no escuchaba nada. Ella solo recordaba el inerte momento, y pensaba.
Iba sumergida de la manera más caótica y trastornada posible en sus pensamientos, en el juicio que ejercía sobre su NO acto NO llevado a cabo aquella tarde.

La rabia recorrió de pronto su cuerpo completo, se movió de manera serpenteante en un escalofrío.
Actuar con cobardía, era algo de lo que siempre se arrepentía esta pequeña muchacha tan poco sencilla.
Se cuestionaba entonces, la magnitud de su problema, de su trauma. Se lo cuestionaba y a la vez lo odiaba cada segundo más.

Fue entonces que después de muchas horas de meditar, y re meditar la situación de manera lógica y también ilógica, esta pequeña muchacha tan poco sencilla decidió que la próxima vez que le viera, y encontrara de nuevo ese preciso momento en que sus almas parecían abrazarse, se lo diría.

Nada más, ni nada menos. Es así de simple, así de fácil, se repetía ella una y otra vez.
Arriesgado, pero excitante y adrenalínico, pensaba de pronto y más se convencía de hacerlo.

Porque cuando hay algo que decir, simplemente, y con mayor razón si es que proviene del corazón... HAY QUE DECIRLO.

Fuera temores, fuera traumas y rencores.

No hay comentarios: