viernes, 24 de septiembre de 2010

Something new.


Y de pronto,
cuando el pavimento asfáltico de las calles que suelo transitar me parece obsoleto,
y las personas caminando por la capital un poco abstractas,
me doy cuenta de que hay algo nuevo que espera al otro lado del semásforo.

Cuando las palabras del locutor de la radio,
me parecen desvirtuadas,
y el sonido de los autos una sinfonía monofónica,
me doy cuenta que mis pies comienzan a caminar en dirección hacia aquello distinto sin siquiera preguntármelo,
hacia aquello que creía haber perdido.

Y en el momento menos esperado, me encuentro tomada de tu mano, y me siento bien. Una sonrisa amenaza con salir de mi boca. Y no me opongo.

Sabes... me gusta sentir cosas nuevas, me gusta saber que la vida no es virtual ni monótona, me gusta saber que me gustas.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Aldo. -part2.


Aquella tarde los pequeños y delgados árboles que habían sido puestos en fila por los jardineros del parque, chismoteaban sobre los nuevos vecinos. Aldo nunca les prestaba atención, y los llamaba inmaduros, chismosos, jóvenes de ciudad sin sabiduría. Tan solo los ignoraba. Sin embargo, algo de lo que decían, llamó su atención. Escuchó a uno decir, que los nuevos llegaban con un niño.

-Ahhh que bien, uno más encargado de romper mis ramas, de sacar mis hojas, o de rayar mi tronco. ¡No podría ser mejor!- pensó irónicamente Aldo, al tiempo que un coche verde aparcaba a unos metros de allí. De él bajó un pequeño niño de pelo castaño claro y ojos verdes como las hojas de un arbusto nuevo en primavera.

El muchacho tomó la mano de su madre, y justo antes de entrar al departamento, miró hacia atrás en dirección de Aldo, y sonrió cordialmente.

Aunque Aldo logró percatarse del gesto, esto pareció no importarle, puesto que la llegada de aquel muchacho no le hacía gracia alguna.

A la mañana siguiente, el pequeño niño bajó al parque y se sentó en una banca que daba justamente hacia Aldo. Pasados unos minutos algo andaba mal... -¿ Qué le sucede a este que no se ha abalanzado sobre mí?- Pensó de pronto Aldo.

El pequeño niño permanecía quieto y miraba silencioso a Aldo, subía la vista desde sus raíces sobresalientes en la tierra, hasta las puntas más altas de sus ramas, y sin decir palabra alguna.

De pronto el pequeño muchacho se puso de pie frente a Aldo, se quedó allí mirandolo fijamente por un largo rato, hasta que una leve sonrisa se dibujó en su claro y pequeño rostro. -Me llamo Boris, mucho gusto- Dijo de pronto el niño con expresión solemne y sus brazos tras la espalda.

Tal fue la sorpresa para Aldo, que sintió que una de sus hojas caía al suelo precipitadamente al darse cuenta que en el parque no había nadie más que Boris.

- Quizá este niño sea loco, o tenga algún amigo imaginario… o quizá … tan solo quizá... No, definitivamente no. – Pensó Aldo, tajante ante su ilusión.