
"Mírate...Miranos" dijiste bajo unas sábanas invisibles.
Escuché cada una de tus palabras con mucha atención. Las escuché como si estuviesen saliendo de mi boca, porque las tomaste de allí sin permiso alguno.
Que sensación tan exquisita y única poder sentir que alguien te ama, poder sentir que amas a alguien, y poder sentir que es algo completamente real, que carece de textura y que sobrepasa los límites de lo intangible.
Lo hermoso que es poder recordar casi con imágenes en sucesión algunos momentos que quedaron en mi cerebro tallados con profundidad.
Claro, MÍRATE, me dijiste... y me miré a mi misma analizando la situación de que hace un tiempo jamás pensé o imaginé verme en frente tuyo, recostada de lado en una cama a centímetros de tu cuerpo mirando tus ojos en medio de la oscuridad, sonriendo con una profunda y exquisita sensación que calaba fuerte mi alma y corazón.
Miro hacia atrás la película en la que estábamos inmersos como personajes secundarios, y aún así no deja de ser hermosa. La complicidad que como amigos siempre existió y se mantuvo latente. Tus ganas escondidas de que yo demostrara que nunca dejé de desearte. La porfía de ambos poniendo nuestras manos sobre unos ojos que sí veían claras las imágenes entre la niebla. Dos bocas que nunca dejaron de querer tocarse, pero dos mentes porfías que aseveraron haber reprimido el instinto al límite.
Fuimos un cordón de zapatos atados suavemente con un pequeño nudo que desataron fácilmente. Dos cordones que por separado se balancearon de arriba abajo sobre el piso de una fuerte amistad, un par de cordones que estaban destinados a volver a ser amarrados. Esta vez el nudo fue doble, y hasta ahora imposible de desatar por manos ajenas.
Una historia que del exterior no es agraciada. Que del exterior puede no entenderse nada. Una pequeña gran historia que verdaderamente no daña a nadie. Un par de medios limones que lo único que buscaban eran sus mitades.
Sin maldad, ni mala intención alguna. Solo dos manos que siempre se desearon. Solo unos ojos que siempre se miraron y brillaron. Solo un par de sonrisas que siempre se encontraron, y un par de labios que simplemente...encajaron.
Me miré hacia atrás un par de segundos y vi pasar horas, días y meses. Tal como la magia del cine puede hacerlo. Me miré hacia atrás y vi de pronto a la misma Kony que hoy duerme entre tus brazos.
Mírate ahora. Me miro y nada se compara a como lo imaginé alguna vez. Siempre pensé que podía ser algo lindo. Pensé que podía ser agradable. Nunca pensé que fuese simplemente tan maravilloso, y me encanta. Me fascina ver como una nube gris se posa sobre nosotros y deja caer una millonada de gotas que comprimen colores. Una lluvia de sensaciones de sentimientos que pintan un precioso cuadro con colores que no existen ni han sido descubiertos aún. Un precioso cuadro que solo podemos ver tu y yo, y que raya en la fatalidad de lo precioso y lo perfecto.
No hay palabras límite para lo que me haces sentir. Ya no creo en lo imposible cuando estoy a tu lado. No creo en la soledad cuando tu mano aprieta la mía. Se dispersan las moléculas de tristeza, no existen a tu lado, se van, corren de mi, se alejan y se derriten a la luz de tu amor.
Nos miro desde la altura en la que me haces sentir y veo dos grandes almas conectadas, nos miro acariciándonos mutuamente y sonrío inevitablemente. Nos miro ahí recostados sobre una cama y nos veo así mismo en un futuro desatandonos al viento y compás de nuestra respiración sintonizada. Nos miro ahora, y veo dos almas revoloteando en lo alto del cielo, dos cuerpos que giran y danzan creando una mezcla homogénea.
Eres mi felicidad, mi tranquilidad, mi cable a tierra y el viento que también me lleva lejos.
Eres un faro justo en medio del océano, un punto de luz en mi vida, que cada día es más fuerte y brillante, que cada día me permite ver con más claridad lo exquisito que se siente estar viva y que me permite gritar con fervor en la orilla de un muelle interminable que estoy enamorada y que siento por ti lo que nadie ha podido sentir jamás, y que nadie lo hará. Que me permite gritar con fervor, que eres con quien en este momento me veo pasando el resto de mis días.
Te amo en demasía, con locura y frenesí mi hermoso muchachín.
Tu pequeña.
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