
Pensaba en una tarde de domingo, a eso de las 15:48 lo ínfimo de mi existir. Lo diminuta y microscópica que soy realmente.
Pensaba una tarde de domingo, cuando el sol golpeaba suavemente mi piel como un retazo de seda cayendo sobre un mástil de mármol, lo frágil que es la vida. Como se pierde en un segundo, como de pronto en un proceso celuloide se crea en otro. Y caía en la cuenta de lo poco importante que puedo llegar a ser. Al igual que todos.
Pensaba una tarde de domingo, mientras un heladero se subía a la micro promocionando sus productos a viva voz, lo fácil de las cosas, lo fácil que es realmente socializar con el sujeto de al lado, y lo difícil que se torna llevarlo a cabo.
Pensaba un tanto ofuscada en lo horrendo que es una mirada de desprecio, una mirada fundida en hierro, firme y escudera. Una máscara de odio sin sentido, disfrazada de sutileza.
Pensaba en lo agradable que sería de vez en cuando recibir un abrazo sincero proveniente de un extraño, sin un por qué de por medio, ni palabras de intermedio. Lo fácil que puede llegar a darse, y lo difícil que sería obtenerlo, o darlo. Un abrazo simple y sin razón, solo por compartir energía, un abrazo desconocido y no correspondido, sin sentido y no meditado. Un abrazo extraño y desmedido.
Pensaba que pensaría cada persona en el mismo instante, y en cuantas estarían pensando lo mismo que yo, y preguntándoselo a la vez. Pensaba en lo fácil de existir la situación y en lo difícil que sería saberlo.
Pensaba bastante irritada al bajarme de la micro una tarde de domingo, en que lo más probable, es que cada persona sepa sentir por alguien, sentimientos fuertes, con raíces, de esos entrañables, y de como las personas son capaces de hablar de aquello, si son capaces de arrollar una vida sobre la carretera. Pensaba en paralelo, como es que sobre valoran una vida humana por sobre una animal. Que al fin y al cabo son lo mismo, que ambas comienzan de la unión de un par de células, y que ambas mueren en un latir detenido. Pensaba transversalmente, en lo estúpido del revuelo que hubiese sido, si ese cuerpo inerte fuera un niño humano. En realidad de lo estúpido que es crear diferencias entre las vidas.
A veces, en las tardes de domingo, o en las del lunes, a veces en las del martes, o en la mañana de un miercoles, o en la noche de un jueves, o quizá en la madrugada de un viernes y en la mañana-tarde de un sábado... me molesta pensar demasiadas cosas y darme cuenta que lidio con una pequeña e ínfima kony, aún más pequeña que la autora de esta entrada, que vive dentro de mi cabeza, y que al igual que yo, odia quedar sin respuestas, y que intenta siempre llevar la contra, o simplemente, a cuestionarse. Si, a veces me fastidia. Otras, como hoy en la tarde, de un domingo 1 de mayo, simplemente discuto con ella en silencio caminando por senderos vacíos donde no existe nadie al rededor, donde el chofer de la micro no está, ni los pasajeros tampoco, donde el tráfico no existe, y las voces de las personas en la calle, no se oyen.
Pensaba en una tarde de domingo, que me gustaría a veces, no pensar.
2 comentarios:
lindo texto.
y un abrazo.
Piensas tanto, que parece que ya no piensas.
Detente un momento, sal de la mirada perdida que tienes en las micros, cambia la canción electrónica por una con lírica. Disfruta.
Y cuando, en las tardes de Domingo, o de cualquier otro día, tengas ganas de pensar, no pienses, y comentamelo. Prometí un pacto, una alianza. Planeo cumplirlo.
Saludos Limoniaca pequeña.
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