lunes, 26 de julio de 2010


Tengo ganas de escribir palabras desvirtuadas, palabras coherentes sin límites. Ganas de escribir tengo. Y aún después de todo un día de haber respirado sobre el pavimento seco, tengo ganas de escribir. No tengo ojos para hacerlo, no tengo orejas para escuchar lo que deseo, ni siquiera una mente que me acune, ni labios mecedores. Tan solo manos cansadas, manos atrofiadas, con dedos de mercurio escurriendo entre mi cerebro. El sonido de las llaves ventanales desespera mis alas, mientras el susurro del frío recorre desde mis brazos a mi cuello. Y los árboles me observan extrañados. Se preguntan que estupidez cometeré hoy.
-Pobre niña, que tonta e ilusa. Las criaturas como ella no vuelan.-
Como sonrío, ahora ellos también lo hacen. Cordialmente. Cínicos y acogedoramente tétricos. Salto ventana abajo, el suelo se aleja de mi, se aleja, se hunde, huye, se escapa. Caigo colgada de una tiza, que se vuelve polvo dentro de mi nariz. Estornudo un tobogán de arcoiris que se vuelve un pétalo de rosa transparente. Estallo de manera estruendosa en el suelo líquido azul profundo que de pronto me traga por completo, y veo deformes las hojas de los árboles cordiales despidiéndose.
-¿Por qué siguen sonriendo?.- Se detona en un millón de agujas mi cerebro entumecido y empapado en mercurio verde. Se clavan en la superficie del hielo sobre mis pies. Un bosque gigante de ojales por enhebrar. Y una nube anaranjada me levanta. Es dulce, y brilla como un terrón de azúcar esparcido. Mientras bato mis alas, y un pedazo de nube se deshace en el abrazo entre mi lengua y paladar, el viento en dirección contraria a la negación, me eleva, me levanta, y me iza para emerger al espacio interior de un planeta llamado tierra. En tanto una parvada de pájaros en negro azulado, chismean sobre mi acorde a las notas emergentes de mi aleteo trastornado.
-Pero que ilusa criatura, humana insensata con cerebro de hormiga-. Cree que es capaz de enhebrar el cielo, de bordar la Luna y las estrellas en un brinco dirigido a su muerte profusa de lápidas con fe de intelecto. Debería saber que su especie no vuela. Que está destinada a un abismo de corrupción sentimental. Que está destinada a un abismo de realidad.
En el instante en que sus pequeñas fauces cerraron, callaron y enmudecieron en miradas extrañadas y burlescas, mis oídos no escuchaban, mis ojos reflejaban la orgía de colores que se alborotaba en ebullición dentro de mi cabeza. En letras flotaba, la imaginación le guiaba hacia el cielo, y las plumas de las aves, caían como hojas de árbol en otoño, caían de sorpresa, de estupefacción. Y yo volaba en dirección a una constelación sin dimensiones. Volaba más allá de las imágenes coherentes del ser humano. Volaba a través de un camino en polvo imaginario caído de las alas de un millón de mariposas sonrientes que me acompañaban. Volaba y aún vuelo al escribir estas palabras.
Escribo.
Siento.
Me convierto y dejo de ser esta maraña, la imaginación es la mejor herramienta anti-humana.

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