
Aldo era el árbol más antiguo del lugar. Vivía allí hace más de 200 años, cuando todo era tranquilo, cuando el pasto crecía libre, y las flores danzaban al compás del viento llenando de polen las patas de las abejas. No había nadie en kilómetros, y el único ruido existente era el de las aves al cantar, y el del viento al pasar.
El día en que los arquitectos llegaron a inspeccionar los terrenos, Aldo supo que nada volvería a ser igual.
Luego de un mes, comenzaron los trabajos, muchos de sus amigos fueron talados, sacados y llevados a otro lugar o simplemente desechados. En cambio negras farolas tomaban sus lugares, y el cielo se llenaba de cables eléctricos que unían un poste de luz con otro. Las aves ya no cantaban. Tan solo se escuchaba el estrepitoso ruido de la construcción de grandes edificios, de autos, de máquinas gigantes con colmillos de acero que se disponían a transformar el lugar.
Para suerte de Aldo, logró permanecer en el lugar donde había germinado, ya que su ubicación daba precisamente en el centro de lo que sería una plaza de juego para niños.
Sin embargo con el pasar del tiempo, Aldo se daría cuenta de lo mucho que le hubiera encantado, haber sido arrancado de ese lugar por siempre. Así fue como se convirtió en el árbol más amargado del lugar. Los gorriones ya no se iban a posar en sus ramas, y los zorzales ya no tejían sus nidos en él, puesto que cada vez que terminaban alguno, a la mañana siguiente aparecía en el suelo.
Aldo no quería compañía de nadie. Extrañaba su antiguo hogar.
1 comentario:
Quiero a Aldo *_* te quiero a ti!
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