lunes, 24 de enero de 2011

Que agradable.

Que agradable se torna la tarde cuando sé que voy en una micro llena de gente camino a tu encuentro.
Que agradable se torna la noche de un domingo cuando las calles de Ñuñoa se rinden a nuestros pies dejándonos transitar de la mano por horas.
Que agradable se torna el silencio en la noche de un domingo que permite escuchar el crujir estrepitoso de una hoja seca que es pisada por uno de nosotros.
Que agradable se torna la madrugada cuando el calor de nuestros cuerpos hace que se fundan en uno solo.
Que agradable se torna cualquiera sea el momento en que una sábana de intimidad rodea nuestros cuerpos.
Que agradable se torna abrir los ojos aún pequeños y cargados de sueño para encontrarme a tu lado.
Que agradable se torna comer con plato en la mano a la deriva de la cama mientras vemos y analizamos una loca película juntos.
Que agradable se torna la cercanía cuando me deja verte sonreír tan próximo a mis labios.
Que agradable se torna el agua fría de la ducha escurriendo por nuestros cuerpos enmarañados.
Pero lo que sin duda es agradable, es cuando la vida misma pierde sustancia, masa volumen y peso para transformarse en felicidad, en caricias, en un exceso o sobredosis de cariño que nació una tarde y encontró fin a la tarde siguiente.

Deseábamos estas casi 24 horas juntos corazón. Las deseábamos y se cumplieron. Lo importante ahora, es seguir manteniendo esta especie deseos juntos, deseos que al igual que este se cumplan en plenitud.

Te quiero mucho mi medio limón!

1 comentario:

FernanRock dijo...

Siento mi querida Constanza que estamos en el mismo canal de frecuencia, y eso es maravilloso. ¡Que agradable es vivir!