martes, 19 de mayo de 2015

Rutina el monstruo.

Rutina es esa palabra a la que tanto le tememos. Rutina es la vida. La vida de todos es una rutina, llena de costumbres y momentos que se repiten como en una partitura. Los mismo pasos dados para atravesar una puerta, para levantarse de la cama, para ir al baño por las mañanas. Para preparar el desayuno, el almuerzo o la cena.

Me congelo dentro de una caja de concreto. Me congelo y me muevo lento. Salgo de vez en cuando a pasear por la ciudad, miro a las personas en sus rutinas, miro como las viven, como caminan, como se visten, como miran, como deambulan por las mismas calles una y otra vez.

Rutina es eso que nos hace nacer, eso que nos hace crecer, estudiar, estudiar de nuevo, tener un trabajo, tener una familia, estropearlo todo, volver a intentarlo, ver gente cercana desaparecer, algunos para siempre. Rutina es eso que nos acerca a la muerte. Tener canas en la cabeza, arrugas en la piel, un cuerpo cansado. Y morir.

Escapar de la rutina se vuelve rutina, pensar todas las mañanas que hay por hacer para evitarla es rutina, es como un gran monstruo con tentáculos que nos abraza y nos adhiere sus ventosas asquerosas a la piel, a los huesos, al alma. Un parásito viral que no se va. Una plaga de sensaciones parecidas imposible de exterminar.

Una criatura de dientes grandes, ojos hundidos y oscuros, con tentáculos y garras.... que es imposible de extinguir. Extinguir como el fuego, detenerlo, ahogarlo, apagarlo.

Rutina es eso que cuenta con 365 días. Rutina son los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses... el año completo. Rutina es ver como se acerca el invierno luego del otoño. Rutina es ver como se detiene el frío para que las flores comiencen a renacer y ver como el calor del verano comienza a secar las hojas que se caen de nuevo en otoño.

Rutina es la sombra que tenemos durante todo el día. Es una sustancia pegajosa y lipidosa. Imposible de sacar y de enjuagar.

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